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El camino del rey

jueves 19 de enero de 2012, 21:33h
Pintan bastos en el horizonte judicial de don Iñaki Urdangarín. Leía hace poco una metáfora a propósito de lo que le espera en breve, comparando su periplo con “el camino del rey”. El símil es toda una carga de profundidad, tanto en la forma -el nombrecito de marras se las trae- como en el fondo. El “camino del rey” es una senda que discurre por las paredes del Desfiladero de los Gaitanes -Málaga-. Excavado en roca viva a principios del siglo pasado, su ruinoso estado se ha cobrado ya la vida de varios excursionistas. Pese a ello, sigue siendo objeto de deseo a la hora de practicar senderismo extremo -en algunos de sus tramos es preciso hacer rapel si no quiere uno precipitarse al vacío-. Tan es así que hasta se ha pensado en rodar una película sobre el tema, aunque entre la falta de talento y subvenciones es más que probable que el proyecto se despeñe.

Puestos a hablar de cine, qué duda cabe que a veces todos desearíamos tener un doble en momentos más o menos complicados, aunque hay quien no. Bárbara Stanwyck era una actriz que se metía tanto en los papeles que no permitía que la doblaran ni en las secuencias más arriesgadas. Tanto que durante el rodaje de “La reina de Montana”, los indios Pies Negros que actuaban de extras la hicieron miembro adoptivo de su tribu y le otorgaron el título de “Princesa de Las Muchas Victorias” por los riesgos que asumió y las peligrosas escenas que ejecutó ella misma.

Hay también actuaciones que devinieron en estelares, aunque sus orígenes no apuntaban precisamente alto. Sirva como ejemplo el modo en que Olivia de Havilland entró en el reparto de “Lo que el viento se llevó”. De inicio, el productor David O. Selznick había pensado en Joan Fontaine para hacer de Melania, aunque el resultado no acabó de convencerle. Fontaine, muy contrariada, exclamó “¡Para hacer de boba es mejor que llamen a mi hermana Olivia!” -aún siendo hermanas, se llevaban a matar-. Dicho y hecho; Olivia de Havilland pasó la prueba y se hizo con el papel más importante de su carrera.

Otras, sin embargo, han adquirido categoría de leyenda casi por casualidad. Es el caso de la frase que, supuestamente, Lauren Bacall, dice a Humpfrey Bogart en “Tener y no tener”: “Si me necesitas, sólo tienes que silbar”. La frase en cuestión nunca llego a pronunciarse, al menos así, aunque sirvió para que entre sus protagonistas hubiera algo más que palabras. Bogart y Bacall acabarían casándose y, el día de la boda, ella recibió de su flamante marido un regalo más que original: un silbato de oro. Son todas historias de cine, tanto como la que tenía ante sí don Iñaki Urdangarín cuando dio el “sí quiero” más -o menos- real de su vida. Vida que podía haber sido de película…para acabar en una película “gore”. Desde luego, no hay como ir por buen camino.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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