Desempolvando la Guerra de las Malvinas
jueves 19 de enero de 2012, 23:40h
Cristina Fernández de Kirchner criticaba a principios de semana “el colonialismo que subsiste en las Islas Malvinas”. Enmendaba así la plana a su homólogo británico, David Cameron, quien tildaba precisamente a Argentina de “colonialista” por empeñarse en reclamar la soberanía del archipiélago. A todas luces, parece claro que en la agenda política de ingleses y argentinos hay cuestiones mucho más acuciantes que un conflicto como éste. En todo caso, es un hecho que declaraciones de este tipo ayudan poco a la resolución de diferencia alguna.
Por parte argentina, el objetivo es claro: distraer de lo realmente prioritario –una fuerte reactivación económica que no tiene reflejo social- con una escalada de una tensión tan artificial como inútil. Para empezar, el estatus jurídico de las Malvinas responde a lo que se conoce como “Territorio Británico de Ultramar” -no confundir con la “Commonwealth”-, territorios que no son administrados directamente por el Reino Unido sino que tienen su propio gobierno que las administra, si bien Londres se encarga de su protección, de las relaciones exteriores y asuntos de negocios. Tampoco tienen representación en el Parlamento Británico ni forman parte del Reino Unido como tales.
Que el colonialismo británico no ha sido precisamente un modelo de equidad es algo fuera de toda duda. Tampoco su prepotencia a la hora de abordar estos temas resulta especialmente ejemplar. Pero en pleno siglo XXI, el hecho de que sigan existiendo una serie de anacronismos geopolíticos sin mayor trascendencia -caso de Gibraltar en España- no debe distraer de cuestiones mayores. En el caso de Argentina, ha de enfrentarse a una serie de problemas infinitamente más importantes que el de las Malvinas. Cosa distinta es que Cristina Fernández de Kirchner se aferre ahora al antiguo contencioso para desviar la atención de las cuestiones principales que aquejan al país, en especial una crisis institucional sumamente preocupante.