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RESEÑA

Antonio Martínez Sarrión: Escaramuzas

domingo 22 de enero de 2012, 14:24h
Antonio Martínez Sarrión: Escaramuzas. Alfaguara. Madrid, 2011. 256 páginas. 16,50 €
El buen poeta que es Antonio Martínez Sarrión desde el ya lejano Diario Austral del año 1987 cultiva una prosa tendente al pensamiento memorístico en los tres volúmenes de sus memorias, Infancia y corrupciones, Una juventud y Jazz y días de lluvia, así como en sus dietarios, Cargar la suerte y Esquirlas. La demora constructiva de la prosa en los primeros da paso al apunte, la sugestión y la pincelada reflexiva en los segundos. Martínez Sarrión es memorialista tardío pero bienvenido en nuestras letras, por ello no carece de interés este tercer dietario suyo con título harto significativo, Escaramuzas. En efecto, la mordaz ironía paseada en otros volúmenes por el autor deja aquí paso a refriegas que van desde la furibunda crítica a una sedimentada justicia de autorizado escribano, siempre con una característica enjundia en la mayoría de las anotaciones.

Este surtido florilegio de pensamientos recorre los años 2000 a 2010 con la constancia del amanuense. Versa inevitablemente sobre la actualidad política, punta de lanza contra este canibalismo económico cuyas consecuencias hoy afrontamos, y la reflexión sobre el arte. Melómano y cinéfilo consumado, Sarrión, obsesivo en definitiva del arte como él mismo admite, deliciosa enfermedad en vías de extinción. Encontraremos a modo de resumen listas de directores preferidos, elenco de cintas inolvidables, enumeración de músicas imprescindibles… La voluntad taxonómica, jerárquica, deviene en suerte de recopilación y balance final.

Las referencias constantes al hecho literario son notables por lo que tienen de resumen de poética: "Mi brújula o aguja de marear literaria, a las alturas del año 2000, sería de la siguiente manera: Breton en el norte; Borges y Cortázar en el oeste; en el este Alfonso Reyes y Paz y, al sur, Cunqueiro y Pla. Están fuera de cómputo, inalterables, inmarcesibles, los cuatro grandes de nuestro 98 y Ramón. Hasta nuevo aviso." O en entrada posterior, sobre el estilo de cada uno de los clásicos no nombrados pero por todos intuidos en la cita anterior, advierte con exactitud adjetiva propia del genio catalán de Pla: "Unamuno: atropellamiento apasionado. Valle-Inclán: énfasis, acidez, desgarro. Baroja: gracia, amenidad, cazurrería. Azorín: pulcritud, fluencia, escamoteo". En otros apartados desgrana a Lezama Lima, admira a Claudio Rodríguez y al "cada vez más descomunal Quevedo" pero también recuerda al hoy arrumbado poeta Carlos Oroza. Aunque discrepemos de algunos de los palos dispensados a Umbral y Vargas Llosa, certeros otros, en cambio, la coherencia de pensamiento en todo el libro, así como en dietarios anteriores confirma una manera de entender la literatura y de confrontarse al mundo. Así como la constante construcción de una mirada a través de un estilo.

La reflexión constante y la racionalización de todos los argumentos impera en unas hojas que visten con prodigalidad las querencias literarias, incluidos menciones a maestros, Sánchez Ferlosio y Benet, o enconos a sus bestias negras, Vargas Llosa y Umbral. En el vértice de los días, el aguerrido escritor que es Martínez Sarrión nos deleita con unas escaramuzas que ofrecen elegante combate intelectual.


Por Francisco Estévez
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