Mourinho, ¿cómo Schettino?
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 29 de enero de 2012, 19:35h
Hace unos días, tras la derrota en el primer clásico copero y una rueda de prensa especialmente tensa, un periódico español publicaba un provocador y polémico artículo titulado “Mourinho tiene vocación de Schettino”, cuestionando así la continuidad del entrenador merengue y presagiando que, ante el poderío del Barcelona, “Mourinho desliza que se va, que piensa saltar del Madrid como Schettino del Costa Concordia”. De esa manera, el artículo relacionaba dos protagonistas de la prensa mundial: por un lado Mourinho, personaje controvertido, amante de la polémica y propenso a gestos recargados y declaraciones mediáticas; por otro lado, Schettino, rebautizado “Capitán Cobarde” y convertido por los medios mundiales en la imagen de la vileza y de la falta de responsabilidad, que abandona el barco cuando más se le necesita.
¿Existen puntos “en común” entre las dos figuras? Dudo, sobre todo porque considero especialmente difícil elaborar un perfil psicológico de los dos sujetos. Aún así, la actitud de ambos parece dictada por el ímpetu y el instinto. No obstante, mientras en España este titular incendiario tuvo discreto eco, en Italia resultó ser una de las noticias más leídas (y no sólo en los periódicos deportivos) como demostración de que Mourinho sigue interesando a los italianos, genera curiosidad y reacciones, más allá de la fascinación del personaje. Tras su paso por la bota itálica, Mou partió el país en dos, dejando la opinión pública italiana crispada, bipolarizada: por un lado un número de simpatizantes (una minoría, sobre todo de fe interista), que halagan su capacidad y méritos; por otro lado, una mayoría harta de sus gestos, que menosprecia su actitud y cuestiona su carácter. Dentro de esta última, reside un porcentaje –mínimo- que reconoce su habilidad pero repudia sus actos. También en el caso de España, Mou parece haber dividido la sociedad entre detractores y aduladores, avivando con su repertorio a unos y otros: su habitual recurso a la conspiración, a culpar a los árbitros, al destino o a algún otro episodio, convence a algunos y satura al resto, persuade a los madridistas e irrita a los adversarios.
No obstante, aunque Mou lleve 20 meses en España, los medios parecen seguir sorprendiéndose por su actitud: en Italia, al contrario, bien sabemos que es un personaje que nunca te deja indiferente y al que los periódicos deberían estar agradecidos, ya que difícilmente hace faltar un titular. En Italia sabíamos que más polémica equivalía a más venta: por lo tanto los medios se mostraban contentos con un entrenador excelente –salvo, parece ser, cuando se enfrenta al Barça- que se caracteriza por excesos verbales y una actitud frecuentemente reprochable. En su paso por España, cada día más, Mou se parece a un niño caprichoso y mimado, un mal perdedor, que según algunos está mellando la imagen y el prestigio del equipo, entregando al Barcelona no sólo la superioridad futbolística sino también la deportiva y moral. Y el mourinhismo –a medio camino entre secta religiosa e ideología- muestra su malestar y empieza a entender sus trucos (ejemplo: el año pasado la Copa del Rey era el trofeo más prestigioso, mientras este año ya no…). Merece la pena recordar que el Madrid contrató a Mou –en la misma noche en la que el Inter celebraba el Triplete- para ganar títulos y, aspecto no menos importante, para que ganara al Barça. Lo que sorprende es la hipocresía de la prensa, dispuesta a cuestionar a Mou y cada uno de sus gestos, extrañada por este personaje: ¿es posible que no supieran que Mourinho es así? A donde vaya, se lleva su retórica incendiaria, su gusto por la provocación, su espíritu inquieto. Las exageraciones son parte del personaje, del “bufón picado”. En Mou existen dos “elementos”: el entrenador, hábil y ganador, amante del catenaccio y del contragolpe; y el provocador, el turbulento y rebelde animador de un fútbol mediático, capaz de dividir la sociedad española, como logró sólo, según algunos, el mismísimo Franco. Pero ahora aparece víctima de un repudio masivo, como si de golpe, en la misma prensa “partidaria” se hubiera abierto la veda contra el personaje: crece el fastidio ante un entrenador que ha logrado tan pocas victorias pese a tan grandes promesas (aunque es cierto que este año tiene la posibilidad de ganar la Liga). Pero de verdad, ¿no conocían sus excesos, su actitud sediciosa y tumultuosa? Resulta oportunista e hipócrita que le ataque quien le ensalzaba, aquellos medios dispuestos a perdonarle todo –juego sucio, catenaccio digno del peor Trapattoni, actitud de equipo pequeño, provocaciones dialécticas, ofensas públicas- en caso de victoria. Ahora que es cuestionado el rumbo del barco, cercano a la deriva, todos abandonan al Comandante antes de que él pueda abandonar al barco.
Y por otro lado Schettino, culpable de mellar la imagen de Italia: muchos medios extranjeros relacionan su actitud con la idiosincrasia del pueblo italiano. Un periódico alemán lanzaba tan provocadora pregunta: “Seamos sinceros: ¿Se sorprenden de que el capitán fuese italiano?”. Ante este ataque, los medios italianos han reaccionado de forma compacta, mostrando su malestar o incluso “devolviendo el golpe” (de mal gusto resulta el titular de “Il Giornale”, diario de la familia Berlusconi, que en portada titulaba: “Para nosotros Schettino, para vosotros Auschwitz”). El vil gesto de un individuo no puede llevar a generalizar, a mostrar una mentalidad marcada por el estereotipo negativo. Italia es mucho más que Schettino: es un país con sus vicios y virtudes, con su Schettino y su De Falco, su cultura y su basura, su maravilla y su crisis. Un país controvertido, con una fascinación milenaria.
Dos personajes polémicos con grandes diferencias: mientras uno genera ardiente repulsa o exaltada adhesión, el otro sólo antipatía y hostilidad. Y sobre todo, debemos recordar que sus acciones tienen consecuencias diferentes: por mucho que digan, el fútbol es sólo un deporte.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|