Rajoy y su gobierno de políticos vocacionales
domingo 29 de enero de 2012, 20:24h
La muerte de Manuel Fraga, ha coincidido con el inicio del proceso de reclutamiento de los altos cargos del primer gobierno de Mariano Rajoy. La reciente publicación de las biografías de Fraga, han puesto de relieve su larga y singular trayectoria como servidor público y político. Se formó y superó las sucesivas etapas educativas en un entorno adverso desde el punto de vista económico, incluidas dos oposiciones. Después comenzó su aportación a la “res pública” como funcionario en su doble profesión, para continuarla como político vocacional y siempre como servidor del Estado hasta su muerte (DEP).
Este modelo de político vocacional, que acepta ocupar cargos de designación política, habiendo superado algún proceso selectivo y habiendo desempeñado funciones como miembro de algún alto cuerpo del Estado, es el que predomina en el primer gobierno Rajoy. Este perfil representa más de dos tercios del gabinete y de los altos cargos de los ministerios.
La opción por implantar un modelo de reclutamiento de políticos mayoritariamente vocacionales, se basa en un criterio ideológico y político, acorde con los valores y principios del Partido Popular: ejercicio del liderazgo político para el servicio a los demás y reconocimiento y potenciación del deseo de superación personal, así como del esfuerzo, trabajo, mérito y responsabilidad individual. En paralelo, Rajoy ha pretendido poner la Administración General del Estado (AGE) en manos de personas cualificadas y por ello libres y no dependientes de los avatares partidistas, para afrontar los graves retos. Tiene precedentes en gobiernos anteriores de la UCD y de Aznar, si bien se ven reforzados en este primer gobierno habida cuenta la gravedad de la situación a la que se enfrenta. El relevante número de funcionarios reclutados para ocupar altos cargos garantiza el conocimiento del funcionamiento de la AGE y permite además ahorrar en sus emolumentos. Se trata de dar ejemplo en los recortes, que se suma a la reducción de puestos de designación.
Este modelo de político vocacional constituye un ejemplo porque en algunos casos, los que estaban en la empresa privada, pierden entre otros incentivos ingresos pecuniarios. A ello hay que agregar el desafío que supone aceptar cargos en un contexto de alta desafección ciudadana hacia los políticos. Otro reto consiste en introducir recortes a supuestos derechos y sobre todo defender la cultura de la libertad y responsabilidad individual frente a los dirigismos y paternalismos de los gobiernos socialistas. En este sentido se explica la pérdida de incentivos que tienen hoy ciertos cargos públicos y las dificultades que comienzan a vislumbrarse para aceptarlos. Si se aplican estos criterios y prácticas políticas a las demás administraciones populares y al propio partido, podríamos estar ante el comienzo del desmantelamiento del partido cartel que se estaba extendiendo e infectando a todo el sistema político.
Una de las paradojas de la idea de representación hoy es que la mayor democratización ha permitido una presencia “espejo” de los ciudadanos. Simultáneamente, los representantes políticos, que viven de la política, se han convertido en un grupo más separado de la sociedad que las elites de antaño. Ello ha hecho aumentar la distancia con los ciudadanos y favorece tensiones y desafecciones.. Ello se debe en parte al aumento de políticos que carecían de profesión antes de acceder a la vida pública. Pero también obedece a la expresa voluntad de algunos de no reclutar a los mejores para liderar las responsabilidades públicas. Un ejemplo de ello sería la opinión de Zapatero al comienzo de su mandato acerca de la carrera y liderazgo políticos, incluidos quizá los propios: “no te puedes imaginar la cantidad de cientos de miles de españoles que pueden gobernar...” o en palabras de Bono “somos como los demás ciudadanos”. Estas ideas se sustentan en el principio socialista del igualitarismo aunque ellos lo denominen y pretendan asimilar al de igualdad de oportunidades. Estos valores, así como el paternalismo y dirigismo que defienden los han introducido en sus políticas, especialmente en la enseñanza.
Sin embargo, la conformación de este primer gobierno de Rajoy en sentido extenso, tanto por el tipo de políticos reclutados como por la reducción de puestos de patronazgo para altos cargos, muestra un tipo de ejecutivo muy distinto a los de Zapatero. Los gabinetes socialistas y buena parte de los gobiernos subnacionales se han sustentado esencialmente en políticos profesionales, con limitada cualificación y sin experiencia profesional al margen de la política. Dicho modelo parece que se va a perpetuar en el PSOE, salvo que surja un tercer candidato. En efecto, los dos aspirantes a secretario general socialista, Chacón y Rubalcaba, representan el modelo de político profesional que como Zapatero han desempeñado la práctica totalidad de su vida en cargos públicos. A la espera de lo que ocurra en el próximo congreso socialista, queda por ver si comienzan a consolidarse las diferencias entre dos modelos de hacer política y así acabar con la opinión de los ciudadanos de que “todos los partidos son iguales”.