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Continuidad o continuismo

Javier Zamora Bonilla
martes 31 de enero de 2012, 21:28h
El próximo fin de semana se elegirá en el 38.º Congreso Federal del PSOE a un nuevo secretario general. Salvo sorpresa de última hora, Chacón y Rubalcaba son los únicos candidatos al cargo. La disputa entre ellos ha suscitado el interés de la opinión publicada, es decir, de los medios de comunicación, pero no tengo tan claro que suscite nada en la opinión pública, es decir, en los ciudadanos o, como dicen ahora los políticos, “ciudadanía”. Me resisto a utilizar este concepto, pues tengo la impresión de que quienes lo hacen tienden a diluir a los ciudadanos concretos en un ente colectivo para interpretar a su antojo una supuesta rousseauniana voluntad general. A mí, socialista a fuer de liberal –que decían a principios del siglo XX gentes lúcidas como Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos o José Ortega y Gasset, e insistía a las puertas de la República María Zambrano en su Horizonte del liberalismo– me parece que la persona tiene un carácter sagrado y sus derechos y libertades fundamentales no pueden ser violados en aras de supuestos intereses colectivos “de la ciudadanía”, salvo en los muy escasos supuestos en que una ley, respetando un proceso legal que en estas cuestiones debe ser extraordinariamente garantista, haya establecido excepciones. Como decía Antonio Machado por boca de su heterónimo Juan de Mairena: “Por muchas vueltas que le doy no hallo manera de sumar individuos”. Machado había aprendido esta filosofía de su maestro Francisco Giner de los Ríos, quien sabía bien que el individuo no puede disolverse en la colectividad como un azucarillo en el agua.

Rubalcaba y Chacón, aunque las apariencias de los eslóganes y los cortes televisivos pudieran mostrar lo contrario, han hablado muy poco durante estos últimos meses a la “ciudadanía” y nada a los “ciudadanos” concretos, ni siquiera a esos cinco millones de parados que siguen esperando, no mensajes ilusionantes, sino ideas que se transformen en políticas cuantificables, y que no olvidan que Chacón y Rubalcaba han sido miembros de un Gobierno, el de Zapatero, que quiso encubrir la crisis sin haber puesto antes encima de la mesa las políticas que pudieran haberla paliado a nivel nacional: no se pinchó suavemente la burbuja inmobiliaria sino que estalló; no se frenó tajantemente la corrupción que tanto dinero público se lleva; no se apostó firmemente por la educación, la investigación y la innovación como pilares de una sociedad del conocimiento; no se idearon las fórmulas para profundizar en un estado sostenible del bienestar, aunque se aprobaron medidas importantes como la llamada Ley de Dependencia, pero sin los recursos económicos suficientes. Los ciudadanos no olvidan que Rubalcaba y Chacón han sido miembros de un Gobierno que no supo gestionar la crisis económica, después de haber negado su existencia, y luchó contra ella, la mayoría de las veces, con políticas efímeras, como los Planes E, o poco meditadas, como la rebaja fiscal del IVA de las viviendas nuevas en manos de la banca y de las grandes constructoras. Un Gobierno que congeló las pensiones y bajó el sueldo de los funcionarios, mientras subía el IVA, y no controlaba la inflación, con lo que el poder adquisitivo de las clases baja y media se resentía. Un Gobierno que impulsó una reforma del sistema financiero, ayudando a la banca a pasar –si es que ha pasado– el mal trago de su borrachera inmobiliaria, sin conseguir que el crédito fluyese a los ciudadanos y a las pequeñas y medianas empresas, mientras la prensa daba cada día noticias de los despilfarros de las Cajas de Ahorro y de los millonarios sueldos y prebendas de banqueros que habían salvado su entidad gracias, en gran medida, al apoyo público. Un Gobierno socialista que se despidió indultando a un banquero condenado, mientras cinco millones de ciudadanos no tenían indulto para paliar su condena a las listas del desempleo.
Puede parecer demagogia, pero no lo es. Al PSOE de Zapatero, en el que Chacón y Rubalcaba han desempeñado papeles estelares, le ha faltado, sobre todo, claridad en los principios y en las ideas. Para qué recordar, por ejemplo, el guirigay que se montó con el Estatuto de Cataluña por creerse Zapatero, sin meditación previa y arrastrando con él al Partido, las virtudes taumatúrgicas del federalismo asimétrico propuesto por Pascual Maragall, aderezado después con las exóticas especias nacionalistas de Esquerra Republicana.

Iba diciendo que Rubalcaba y Chacón se han dirigido poco o nada a los ciudadanos en estos últimos meses. Son las desventajas de un sistema de elección por compromisarios que deja en manos de los poderes fácticos locales, provinciales y estatales del Partido la decisión última sobre quién gobernará al PSOE en los próximos años. No niego que ha habido un cierto debate de ideas y que se han publicado documentos medianamente interesantes por parte de las dos candidaturas y, sobre todo, que la prensa ha recogido multitud de artículos de opinión de militantes socialistas más o menos relevantes y de académicos de izquierdas dando ideas sobre por dónde debería caminar el PSOE y cuál debería ser el proyecto de la socialdemocracia europea en un mundo globalizado. Veremos si este debate público cuaja durante el Congreso en un proyecto coherente que ilusione a los más de cuatro millones de votos perdidos por el PSOE en las últimas elecciones, pero hasta ahora la impresión que han dado los candidatos, ya digo que más allá de las apariencias, es que luchan por ver quién se queda con los restos del naufragio, quién gestiona la derrota y el recortadísimo poder político del Partido tras las elecciones municipales, autonómicas y generales.

Las buenas caras y las buenas palabras están dejando paso, y lo harán con más intensidad, según se aproxima el fin de semana, a las estrategias subrepticias y de baja estofa. Un gran diario nacional ha recordado las conexiones de Chacón con el poder mediático que Zapatero impulsó a través de Mediapro, La Sexta y el diario Público, con los derechos de las retransmisiones deportivas, y especialmente del fútbol, de por medio. Un gran fracaso a la vista de los resultados y que contribuyó a desestabilizar aún más el sector de los medios de comunicación que ya sufría una importante crisis. Veremos qué cosas salen de Rubalcaba de aquí al fin de semana si sus colegas-adversarios se ponen a escudriñar el pasado.

Chacón y Rubalcaba deberían representar lo nuevo, lo que rompa con las incongruencias e insensateces del PSOE de Zapatero, sin por ello romper ni con los aspectos positivos de una historia más que centenaria ni con los principios de la socialdemocracia que contribuyó a una Europa socialmente más justa tras la Segunda Guerra Mundial y, en España, a la democratización social y política tras la larga y lúgubre dictadura franquista. Pero ni Rubalcaba ni Chacón parecen anunciar nada nuevo, sino que representan la continuidad y, lo que es peor, el continuismo, que el diccionario de la Real Academia Española define como: “Situación en la que el poder de un político, un régimen, un sistema, etc., se prolonga indefinidamente, sin indicios de cambio o renovación”. Ante la falta de un mensaje esperanzador de futuro, los delegados deberán ver quién representa la continuidad y quién el continuismo, que es lo que hay que evitar a toda costa. Y esto no es cuestión de edad, como insiste desesperadamente la candidata más joven. La continuidad tiene la ventaja de que en un determinado momento puede abrir el debate para idear un nuevo futuro; el continuismo, no.

El peso de nuestra tradición cristiana, por muy atea o agnóstica que sea la ideología de los partidos políticos, es notable. No es difícil ver las similitudes entre este tipo de congresos y los cónclaves cardenalicios. De éstos también se puede aprender: a Juan XXIII lo eligieron por viejo para que diese continuidad a la dogmática católica romana, pero les montó el Vaticano II y transformó la Iglesia. ¡Hay que tener cuidado con los viejos, porque a veces tienen ideas más jóvenes y vivas que las que representan los que biológicamente lo son! Por concluir citando otra vez al Mairena de Machado: “En política, como en arte, los novedosos apedrean a los originales”.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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