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The Artist: Sin palabras

miércoles 01 de febrero de 2012, 21:21h
El director de The Artist, Michel Hazanavicius, tuvo que esperar muchos años para que los productores a los que hablaba de su proyecto de cine mudo no se rieran del mismo en su propia cara. ¿Una película rodada en blanco y negro y sin diálogos hablados? Seguro que él era plenamente consciente del estupor que producía su propuesta, pero también de que su amor por el “primero de los cines” era capaz de construir una obra de arte que, en su conjunto, no necesitaba adaptarse a la convencionalidad contemporánea del séptimo arte para llegar al público. Y, por supuesto, a los críticos o a los galardones más prestigiosos del mundo.

Cuando uno dispone de las armas adecuadas para transmitir un bello sueño y supera miedos, complejos e inseguridades a base de un trabajo constante y de alta precisión, lo normal es que el resultado venga a premiar el esfuerzo realizado. Y si no es lo normal, al menos, debería de ser lo justo. “The Artist” es, en este caso, fundamentalmente él, este valiente – ya nadie se acordará de haberle considerado un loco – actor, director y guionista nacido en París, que ha moldeado desde su exquisita creatividad uno de esos filmes que se convierten en algo más que cine, en una obra de arte capaz de provocar las mejores emociones que despierta la contemplación de una joya con todas sus aristas pulcramente talladas. Se mire por donde se mire, aunque nada sea perfecto y los buscadores profesionales de las más diversas taras y defectos ya se hayan lanzado a ponerle peros y a buscar más pies al gato. Y seguro que los tiene, pero la innegable originalidad de un proyecto que no se ha limitado a quedarse en original bien merece todos los premios que lleva cosechados, los que le quedan por cosechar y el favor de un público que, aunque entre en la sala arrugando la comisura de los labios en señal de escaso convencimiento con la acción que acaba de realizar, finaliza por lo general completamente rendido ante tal despliegue de sensibilidad artística.

Su actor protagonista, Jean Dujardin, un recién llegado completamente desconocido fuera de las fronteras de su país, ya saborea las mieles recolectadas de la interpretación de su carismático personaje, un famoso actor de cine mudo de los años 20 llamado George Valentin, que sufre un atroz declive cuando la revolución de la sonoridad llega a Hollywood y, a partir de entonces, quien no habla, no sale en la foto. A Dujardin ya le llaman el “Clooney francés” y lo cierto es que tampoco es muy justo que, precisamente en el momento que el actor norteamericano acaricia con más posibilidades el Oscar por su estupenda interpretación en Los Descendientes, venga un clon, que no un Clooney, y ponga del revés todas las predicciones. Después de que el actor francés se haya llevado el galardón del Sindicato de Actores, el duelo entre amigos – George Clooney versus Brad Pitt – ya no se presenta como el más probable.

En todo caso, Hazanavicius ha sabido rodear a su protagonista de un impecable elenco de personajes secundarios que bordan la historia, entre los que destaca su propia mujer, Bérénice Bejo, que da vida a la otra cara de la moneda – la actriz que aterriza en el cine sonoro justo cuando empieza y se convierte en una gran estrella – y a la mujer sensible, apasionada y sincera que intenta rescatar con su amor al orgulloso Valentin. Y John Goodman o James Cromwell están mejor que nunca y eso que sin colores y mudos, cuesta unos instantes reconocerlos. Uggie es la última de las guindas interpretativas que el director francés ha colocado en el pastel, un perrito de raza Jack Russell que ya se hizo con la Palma canina en la última edición del Festival de Cannes y ahora se enfrenta a Blackie, la perra Doberman de la cinta Hugo de Scorsese, en la lucha por el galardón “Collar Dorado” que se celebra el próximo 13 de febrero.

El director de The Artist tardó cuatro meses en escribir el romántico guión, muy del estilo de las películas de la época a la que claramente homenajea, y puso especial cuidado en la música, la otra indiscutible gran protagonista en una época en la que las películas se veían en los teatros mientras la orquesta tocaba en directo las notas que acompañaban a las imágenes y a los indispensables títulos explicativos. La banda sonora de The Artist lleva la firma de Ludovic Bource, que ha compuesto el pegadizo tema original que lleva el mismo nombre de la cinta. Incluye, por otra parte, algunos títulos de la época, como “Pennies from Heaven” de Rose Murphy o “Stomp Jubilee” de Duke Ellington, o posteriores y muy famosos, como el tema de amor escrito por Bernard Herrman que Alfred Hitchcock utilizó en Vértigo y que ha servido para hacer crítica, de la mala, a la cinta, a raíz de las polémicas declaraciones de la actriz Kim Novak que aseguraba que había sentido como si su trabajo en la exitosa cinta de 1958 hubiera sido violentado por la película francesa.

Como siempre, no hay nada más difícil de consensuar que los gustos. Aún peor en cuanto a percepción del arte se refiere, pero la original cinta bien vale el esfuerzo de dejar prejuicios aparte y aventurarse, durante los cien minutos de metraje, a meterse en un cine en el que faltan o sobran las palabras – cada cual decidirá -, y en que lo más probable es que, al final, se hayan quedado ustedes mismos sin ellas.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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