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Contador y el dopaje en España

lunes 06 de febrero de 2012, 21:36h
En 2001, Bruno Roussell, ex director deportivo del equipo Festina, publicó un libro llamado “Tour de Vices” en el que explicaba las tramas de dopaje en el ciclismo y la relación de los ubicuos directores deportivos, médicos y masajistas españoles con dichas tramas. Aquellas acusaciones nunca fueron demostradas, más allá de los escándalos continuos de Eufemiano Fuentes. El libro no solo no se comentó en la prensa española sino que ni siquiera se tradujo al castellano.

Años después, la Guardia Civil llevó a cabo la llamada “Operación Puerto”, basada precisamente en investigaciones al doctor Fuentes y su larga lista de clientes deportistas. Aquella redada acabó con la carrera de numerosos ciclistas, entre ellos Jan Ullrich, y supuso sanciones para muchos otros como Ivan Basso, en el mejor momento de sus carreras. Por supuesto, hubo españoles implicados: si uno se acuerda del famoso Kelme de finales de los 90, prácticamente todas sus estrellas han dado positivo en algún momento: Roberto Heras, Óscar Sevilla, Santiago Botero, Aitor González… pero en la opinión pública internacional chocó la indolencia con la que la Federación Española de Ciclismo trató dos casos: los de las bolsas “Valv (piti)” y “A.C.”.

Como dos siglas no bastan para acabar con la carrera de nadie, las miras se pusieron en Alejandro Valverde, cuya mascota, un perro, respondía al nombre de Piti. Aquello era un caso tan flagrante que tuvo que ser la justicia italiana la que tomara cartas en el asunto ante el empeño constante de Federación y Justicia españolas en bloquear el caso. Comparado el ADN de la bolsa con el del corredor, se confirmó su participación en una red organizada de dopaje y fue sancionado con dos años.

Recientemente, preguntado por Carlos Arribas en “El País” si se arrepentía de algo, el corredor mantenía su inocencia. “¡Pero si la sangre era suya!” contestaba sorprendido el periodista, sin conseguir ni una declaración de Valverde que limpiara su imagen.

A todo esto, vamos con lo que nos ocupa. Alberto Contador dio positivo por clembuterol en varias etapas del Tour de 2010. En todas ellas, aunque la cifra variara, la cantidad era casi inapreciable. El problema es que el uso del clembuterol está prohibido. No se penaliza a partir de una cantidad sino que su mera presencia en el organismo ya se considera positivo. La reacción de Contador y su entorno fue negar el consumo de sustancias dopantes y apelar a la fe en su palabra. Buena parte del periodismo, entregado, asumió esa tesis: la de la fe.

Yo no sé si Contador se tomó un solomillo en mal estado o si el clembuterol llegó de otra manera a su organismo. No puedo saberlo. La Federación le creyó y le absolvió. La UCI no, y recurrió al TAS precisamente porque, en materia de dopaje, como hemos visto, la Federación Española no tiene demasiada credibilidad. El TAS se ha tomado un tiempo inhumano en decidir y, con todas las pruebas sobre la mesa, ha tirado por la sentencia más dura: dos años de sanción, pérdida del Tour 2010 y del Giro 2011 más todas las pruebas que ganara desde la fecha del positivo.

Por supuesto es una tragedia: Contador se jugó literalmente la vida el año pasado corriendo etapas suicidas en Giro y Tour convencido de que iba a ser absuelto. Parte de culpa, por así decirlo, es suya. Si no hubiera recurrido, todo esto habría acabado antes, pero recurrir era su derecho legal y él sabrá si hizo bien en hacerlo. El caso es que todo ese sufrimiento ahora no ha valido para nada.

Los tribunales están para decidir sobre asuntos contradictorios en los que los demás no tenemos ni idea. Esa es su función. También la del TAS. Contador es un enorme deportista y tiene toda mi simpatía, pero, ¿por qué debería creerle a él y no al TAS?, ¿porque es español y “nos odian”? Me pilla un poco mayor todo ese patrioterismo barato. Todo hace indicar que el corredor cumplirá sus meses de sanción –hasta agosto de 2012- y jurará a todos los medios que siempre fue inocente. Como Virenque en 1998, como Landis en 2006, como Valverde en 2012…

Si queremos unos Juegos Olímpicos –que no está nada claro que los queramos- no podemos permitir que los dossieres oficiales de los evaluadores ya incluyan dudas sobre nuestra legislación anti-dopaje. Amigos de Contador, claro, pero amigos de la verdad. Sin fes ni estridencias.
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