Guerra civil
Rivalidad geopolítica en el escenario sirio
martes 07 de febrero de 2012, 12:32h
La crisis siria con el incipiente estallido de guerra civil provocado por la represión sangrienta del régimen de Bachar el Assad contra la oposición, ha desencadenado una lucha de influencias geopolíticas a nivel internacional. Siria no lo ha provocado, sino que es el escenario en el que se juega la guerra de influencias.
Los principales actores de la escena internacional están tomando posición en la crisis siria, cada uno defendiendo sus intereses geopolíticos. La discusión en el Consejo de Seguridad de la ONU de una Resolución condenando la represión del régimen sirio contra la población y reclamando una transición democrática, ha hecho emerger todas las rivalidades. El veto ruso y chino a la misma consagra una fractura ya visible en el escenario mundial.
Pese a las apariencias el “campo occidental” no se presenta unido ante la crisis siria. Estados Unidos ha cerrado su representación diplomática en Damasco y anunciado sanciones financieras más duras contra el régimen de Assad, aunque hasta el momento no se vislumbra una intervención de tipo militar o de ayuda armada directa al Consejo Nacional que reagrupa las fuerzas de la oposición.
Algo que sí se propone hacer la Unión Europea. En París, el ministro de Exteriores Alain Juppé afirmó que la UE “no se quedará con los brazos cruzados” y ayudará “a la oposición siria a estructurarse y organizarse”. Un camino que recuerda a lo ocurrido en Libia en la guerra civil que terminó con el dictador Gadafi. Francia prometió en un principio “ayudar a la oposición” y acabó arrastrando a la OTAN a una intervención militar y enviando fuerzas especiales sobre el terreno.
Rusia por su parte no está dispuesta a quedarse al margen como le ocurrió en las dos guerras de Iraq, y perder de este modo su espacio de influencia. Tras el veto en el Consejo de Seguridad, Moscú anunció que enviaba hoy martes a su ministro de exteriores Serguei Lavrov a Damasco para presionar a las autoridades sirias a que hagan “reformas democráticas indispensables”.
En cuanto a China, tras una penetración paulatina y profunda en el escenario africano, ahora trata de implantarse en el Oriente próximo, que además de ser su principal fuente de hidrocarburos – energía indispensable para sostener su crecimiento económico – es un mercado importador de productos de consumo, de armamento y de tecnología.
Los países árabes, que habían fracasado en el envío de una delegación de la Liga Árabe, se han sentido confortados con la posición adoptada por la organización de la Conferencia Islámica en la que están incluídos pero que representa a 57 países miembros entre ellos Siria. La OCI lamenta el veto chino-ruso y advierte de los riesgos de guerra civil. Lo importante para los países árabes es que esta vez en la votación del Consejo de Seguridad Pakistán, India y Sudáfrica han votado a favor de la resolución de condena de la represión, cosa que en la anterior propuesta en el mismo sentido no hicieron y que también fue vetada por Moscú y Pekín. El primer Ministro de Qatar Hamed bin Yassem al Thani ha acusado a Rusia y China de “otorgar derecho de matar” con su veto, mientras que el nuevo Jefe de gobierno tunecino ha llamado a la comunidad internacional a romper relaciones diplomáticas con Damasco.
Otro actor de peso en la crisis siria es Irán, un aliado del régimen de Damasco y que no quiere perder la influencia conseguida en la región, Siria, Líbano e Iraq, desde donde mantiene su influencia creciente en las poblaciones de confesión chiíta de Bahrein, Arabia Saudita y Yemen, principalmente. Teherán ha saludado “la posición justa” adoptada en Naciones Unidas, es decir el veto de la resolución. Los servicios de inteligencia occidentales han advertido de la movilización de algunas unidades militares sirias y de los preparativos militares del Hezbolá libanés. Damasco podría estar tentado en exportar la crisis fuera de sus fronteras con la ayuda de los aliados de Teherán. Y ello para evitar fracturas internas en su propio Ejército.
En efecto Bachar el Assad teme que algunas unidades militares, más o menos teleguiadas desde el extranjero, puedan intentar derrocarle. Para evitarlo ha ordenado a la Guardia republicana y a la 4ªDivisión blindada que comanda su hermano Maher Assad de tomar posiciones en la capital para hacer frente a un eventual asalto con blindados del palacio presidencial.
Tampoco Israel queda al margen de la crisis, y aunque adopta una actitud prudente se muestra claramente preocupada. El general Amir Eshel, responsable de la división de planificación del ejército Tsahal, lo ha dicho abiertamente: “La cuestión va a plantearse cuando el régimen sirio caiga, y no si el régimen sirio cae”. Tel Aviv ve como ineluctable el cambio de régimen, y no está seguro de quien se apoderará de su futuro arsenal.
El resultado del puzzle es la continuación de los enfrentamientos en Siria y la represión violenta del Ejército contra la oposición. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, tan sólo este fin de semana posterior a la discusión en el Consejo de Seguridad, ha habido 286 muertos sobre todo en la ciudad de Homs bombardeada con armas pesadas por unidades militares del régimen. La falta de un líder carismático de la oposición y la división interna en la misma, dan como escenario más probable una guerra civil que podría prolongarse.