Grecia tiene varios problemas económicos. Tantos, que es difícil saber por dónde empezar. El último es el del desempleo. Un 20,9 por ciento puede que a nosotros no nos impresione, pero Grecia no sabía que podía llegar tan lejos. Y aún los verdaderos problemas podrían ser otros.
El dato de desempleo en Grecia se ha conocido este jueves. La
tasa de paro, que en 2008 rondaba el 7 por ciento, se movió en torno al 9 por ciento en 2009, el 12 por ciento en 2010 y el 16 por ciento el año pasado. Ahora ronda el 21 por ciento y la situación económica hace pensar que no hemos alcanzado todavía el techo.
No oímos hablar del paro en Grecia. Sí oímos hablar de la enorme, apabullante deuda pública que tiene, y de los problemas que encuentra para satisfacerla. De la reducción del déficit (cada ejercicio con déficit tiene que financiarse con una deuda añadida) y demás. Pero pocas veces se señala al verdadero problema.
Para entenderlo tenemos que ir a los mismos fundamentos de la economía. Lo haremos de la mano de un
artículo publicado en el Financial Times y escrito por Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional, de la Universidad de Harvard. Hausmann se lamenta de que la generosidad de los distintos países se está echando a perder en Grecia. “Debemos reconocer con urgencia”, dice, “que nuestra forma de entender esta crisis ha fracasado”.
Dice que se ha visto con las lentes
“fiscales”, así lo llama, o con las
Keynesianas. Las primeras señalan que Grecia tiene que recortar el gasto y subir los impuestos más restructurar su deuda. Los keynesianos dicen que ese esfuerzo por cerrar el agujero fiscal incide en una menor actividad, lo que agrava el problema.
“Ambas perspectivas olvidan el hecho de que Grecia tiene que salir de la crisis exportando, o asumir la ruina”, dice Hausmann. ¿Qué quiere decir con esto? Señala que Grecia tiene un déficit externo del
8,6 por ciento del PIB. Ese déficit externo da la medida de la deuda que va adquiriendo el país con el exterior. Está claro que no puede mantener ese ritmo. Que antes o después tendrá que reducirlo. “En la actualidad se está pagando por fuentes oficiales, que esperan que esto sea temporal”. O, dicho de otro modo, y esto no es una cuestión de elección, “Grecia tendrá que reducir su déficit por cuenta corriente hasta cero, en algún momento”.
Bien, esto es así, pero ¿cómo se hace? Exportando más o importando menos. Miremos primero esta posibilidad. Para ajustar su
déficit por cuenta corriente importando menos, Grecia tendría que rebajar su PIB, nos dice Hausmann, un 25 por ciento. Esto no es plato de gusto. Ya señalamos aquí que según un análisis alemán Grecia, para que Grecia se ajustase tenía que reducir su nivel de vida de un 30 a un 40 por ciento. El porcentaje lo dirá el mercado. El camino para alcanzarlo lo dirán los políticos. Pero el resultado final es pavoroso.
Hay otro camino. Un camino deseable, porque por un lado cerraría ese déficit por cuenta corriente y por otro permitiría mantener el nivel de vida. Consiste, claro está, en aumentar las exportaciones. Ahora bien, tendría que aumentarlas en un 50 por ciento para conseguir eso. ¿Es posible?
Sólo con el turismo es imposible: tendría que triplicar su aportación. Hausmann y otros dos autores son autores de un libro,
The Atlas of Economic Complexity, que calcula la producción de “conocimiento productivo” en los distintos países. Con ello se refiere a la variedad de los productos exportados, y a la complejidad en la producción de los mismos. ¿Cuál es la situación del país? “Grecia debe su renta al gasto prestado fuera y no puede pagarlo. No produce máquinas ni bienes electrónicos ni productos químicos. De cada 10 dólares que se intercambian internacionalmente de tecnologías de la información, aporta un centavo”.
Ese es el problema. No es ya que deba ajustarse para reducir, al menos, el montante que debe. Es que tiene un nivel de consumo que está muy lejos de su nivel de producción. Y no tiene capacidad para mejorar su producción. Irlanda sí, y por eso, a pesar de apabullante déficit de un tercio del PIB que llegó a alcanzar está saliendo del hoyo. Grecia sigue mirando abajo, y sólo ve oscuridad. Pero ese es su futuro.