La justicia y Garzón
jueves 09 de febrero de 2012, 23:11h
La sentencia del Supremo por la que se condena a Baltasar Garzón a 11 años de inhabilitación merece el mismo respeto que cualquier otra resolución judicial; ni más, ni menos. Con independencia de la opinión que a cada uno le merezca, lo único cierto es que los siete miembros del tribunal que le ha juzgado le han encontrado culpable de prevaricación -dictar una resolución a sabiendas de que es injusta-. Es éste el delito más grave que puede cometer un juez en el ejercicio de su cargo, por cuanto cercena la esencia misma de la justicia que debe administrar.
Intervenir las comunicaciones entre abogado y cliente en las circunstancias que Garzón lo hizo sitúa el procedimiento “al nivel de regímenes totalitarios”. Este es sólo un ejemplo de la rotundidad con la que se fundamenta la sentencia; sentencia, dicho sea de paso, en la que no hay un solo voto particular, lo cual denota la flagrante nitidez de los hechos imputados. Resulta triste y penoso que un juez que ha sido capaz de enfrentarse con el derecho en la mano, pero con valor e independencia, al terrorismo y al narcotráfico, haya terminado de esta manera. Ello sin embargo, las cosas no son intercambiables ni se pueden mezclar. Y las causas tampoco. Con esta sentencia, se lanza el mensaje de que el sistema judicial funciona y que, si uno de sus miembros se extralimita, hay mecanismos adecuados para poner coto a cualquier irregularidad que se pueda producir.
Están completamente fuera de lugar las descalificaciones vertidas desde Izquierda Unida y, en menor medida, desde el PSOE. Las filias políticas de Garzón no dan patente de corso para hacer lo que a uno le venga en gana y, si así procede, debe atenerse después a las consecuencias. Además, esta es sólo la primera de las tres causas por las que Garzón debe responder ante la justicia; quedan la del pago de sus estudios en Nueva York y la investigación del franquismo. En un estado de derecho, el imperio de la ley abarca a todos por igual, jueces incluidos. Bueno seria que todos lo tuviéramos presente.