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paso cambiado

Gallardón, el novio en la boda (gay)

viernes 10 de febrero de 2012, 08:40h
Por obra y gracia de la autodisolución del PSOE, que hoy por hoy sólo camina como un muerto viviente, la única oposición que puede quedarle al PP es el PP mismo.

Advertiré de antemano de que esta oposición, en un partido como el Popular, no afectará a lo esencial de su política, donde Rajoy roza tal nivel de liderazgo que tendrá serios problemas para que le dejen de aplaudir los suyos desde dos semanas antes del Congreso de Sevilla.

Pero sí asistiremos a un juego de “sensibilidades” (y lo que digo lo recordarán los veteranos) que le pondrá algo de sal a este desfile procesional de rogativas contra la crisis por el que transita España.

Reconozcamos de antemano que ya hay un personaje que es alérgico a pasar inadvertido, dondequiera que esté. Alberto Ruiz Gallardón, gente de raza, no puede resignarse a no ser el novio en la boda (la que sea) o el niño en el bautizo. Él es ahora la alegría de los medios, porque a los periodistas, como a los niños, nos encanta chapotear en todos los charcos. Como a él mismo, el señor ministro de Justicia.

Nadie esperaba de Gallardón que hiciera una defensa tan encendida como ha hecho este miércoles en defensa de la reforma de la Ley del Aborto. Nadie esperaba que se lanzara en tromba y con pocos matices a defender una propuesta que, por otro lado no podía ser inesperada porque estaba en el corazón mismo del programa social del PP.

Pero tampoco esperaba nadie que planteara dudas sobre la inconstitucionalidad de una ley, la de los matrimonios homosexuales, que fue recurrida por el PP precisamente por presunta inconstitucionalidad.

Gallardón tiene la virtud de que puede hablar un día a título de ministro y al siguiente a título personal. Eso es refrescante, aunque atípico. Por eso, como miembro del Gobierno, Gallardón defiende la reforma de la Ley del Aborto, y como persona opina que el “matrimonio” homosexual es constitucional.

Con la que está cayendo, el asunto del matrimonio gay parece relativamente poco relevante. Si lo fue en su momento es porque se entendió que era una provocación de Zapatero a la derecha y a la Iglesia, puesto que, al menos la derecha, no tenía inconveniente en la unión civil de pleno derecho de los homosexuales, pero sí rechazaba el ataque nominalista (la palabra “matrimonio”) al modelo de familia tradicional. Modelo de familia que marcha por la imparable cuesta abajo de la falta de ayudas y de la indiferencia social.

Claro que el resultado de ese ejercicio de ingeniería social fue el previsible. El único derecho al que dio lugar el matrimonio homosexual es que se pudiera contabilizar el número de divorcios de homosexuales, exactamente igual que entre los heterosexuales. De hecho, la Ley de Zapatero hubiera tenido más sentido si se hubiera llamado la del Divorcio Homosexual, que es a lo que vamos para todo tipo de familias, qué le vamos a hacer.

Pero Gallardón ha hecho una maniobra inteligente. Se desmarca de un asunto que le quemaba (pues él mismo había casado homosexuales, entre ellos del PP) y, de paso, da la cara buena de su partido en caso (parece probable, más que posible) que el TC constitucionalice el matrimonio gay.

No es posible saber lo que pueda pensar Rajoy, pero, si así fuera, creo que Gallardón le hace gracia. Porque desatasca un poco esa tragedia sombría de las cuentas públicas. Porque el Gobierno Rajoy, en política, apenas tendría dificultades, con un programa no sólo votado, sino muy probablemente aplaudido por una mayoría social en España. El problema es que Rajoy tiene que navegar en lo económico en medio de un huracán de fuerza cinco con un barco sin quilla. Y aunque ha transmitido seguridad en el timón en su primera singladura, es inicialmente respetado en Europa y sigue demostrando que su cabeza sigue sobre sus hombros, también precisa un poco de salsa a su alrededor.

Gallardón es esa salsa, esa razonable oposición que requiere el Gobierno. Porque si la crítica interna viniera de otras latitudes, como las económicas, el plato se puede hacer incomible. Y no estoy diciendo, no, que haya problemas entre los responsables del área económica, con Guindos contra Fátima Báñez y Montoro. ¿O lo estoy diciendo?

Al final, regenerar al PSOE (aunque no dé una) va a ser necesidad imperiosa de Rajoy, antes de que el PP se rompa en pedazos, entre socialdemócratas de derechas, liberales, conservadores, intervencionistas y oportunistas. Si es que tienen un momento para pegarse mientras aplauden efusivamente a Rajoy, claro.
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