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Las pautas de una reforma laboral imprescindible

sábado 11 de febrero de 2012, 09:29h
Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez explicaban ayer en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros las claves de la reforma laboral. Una reforma tan esperada como necesaria: 5 millones largos de parados, lo que equivale a más de un 20 por ciento de paro -porcentaje que se acerca al 50 por ciento entre los jóvenes- son un claro indicativo de que el modelo hasta ahora existente no funcionaba. Entre otras cosas, se pone coto a la encadenación de contratos temporales, se instaura un nuevo contrato para emprendedores, se establecen deducciones para incentivar la contratación de los jóvenes y se amplía la edad -de 25 a 30 años- en la que poder acogerse a un contrato de prácticas.

Como era de prever, también se abarata el despido: 20 días por pérdidas o caída de ventas y 33 días por improcedente, frente a los 45 actuales. Sin embargo, todo lo anterior evidencia que esta reforma quiere ser mucho más que el citado abaratamiento, si bien es ésta una cuestión que urgía abordar. Muchos empresarios no podían despedir ante el coste que eso les suponía, con el consiguiente empeoramiento de situaciones ya de por sí complicadas. En otras ocasiones, no se contrataba precisamente por el temor a no poder hacer frente a cargas laborales excesivas si venían mal dadas. Porque hay que partir de la base que el empresario no es el enemigo, sino alguien que genera riqueza y que prefiere mil veces contratar antes que despedir, pues eso es sinónimo de que hay actividad productiva.

Pero quizás lo más importante es que la nueva regulación permite que prevalezcan los convenios de empresa frente a los sectoriales o regionales. Este aspecto de la reforma, junto con las medidas de flexibilización interna, permite que las empresas pequeñas y medianas enfrenten una situación de dificultad sin tener que ajustar vía despido. Y que puedan contratar en condiciones convenientes para ellas cuando la crisis cambie de signo.

Por otro lado, se potenciará la labor de las empresas de trabajo temporal, habida cuenta de la escasa incidencia del INEM en la recolocación de parados -apenas un 3 por ciento encontraban un empleo a través de las oficinas de empleo públicas-, así como la formación en el marco de la empresa. Podrán ponerse los calificativos que sean, y sólo el tiempo dirá si la reforma ha sido efectiva. Al menos, ahora hay un paquete de medidas reales para afrontar el principal problema de la economía española; medidas que durante demasiado tiempo no ha habido voluntad política de acometer. Ocurre que entre esas medidas se echa en falta una mayor libertad por parte de los empresarios a la hora de contratar, en lugar del rigor que aún impera en esta materia. Efectivamente, hacía falta hacer algo, pero debía de haberse avanzado mucho más. Y debe hacerse.
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