dirigida por Michael Mann
Tenía sólo 31 años cuando las balas de los agentes del FBI que le perseguían sin descanso acabaron con su vida a la salida de un cine. John Dillinger era un elegante ladrón, extremadamente popular entre la gente, que había llegado a considerarle una especie de héroe. En realidad, se trataba de otro de esos atracadores de bancos que se convirtieron en leyenda durante la sangrienta época de los años 30 en la ciudad de Chicago. Y claro está, el personaje traía a la policía de cabeza, porque, además de dedicarse a atracar a los poderosos bancos, que tan poco cariño despertaban en unos ciudadanos sumidos en la Gran Depresión, había protagonizado un par de espectaculares fugas carcelarias que ridiculizaron a sus perseguidores frente a la opinión pública.