EL 'MALO' DE LO ÚLTIMO DE CUERDA
Galicia. Años sesenta. Dos guardias civiles hablan con el dueño del bar en que se toman una copa acerca los western de John Wyne que permiten fantasear a una España gris. “Si el malo de la película es bueno, la película es buena” dicen, justo cuando el cacique del pueblo, un contrabandista que ha hecho fortuna durante la inmediata posguerra con negocios cuestionables desde el punto de vista ético, se sienta a la mesa con ellos. Es una de las magistrales escenas que protagoniza el actor Juan Diego en la última película del cineasta José Luis Cuerda, quien vuelve a adaptar a Manuel Rivas en Todo es silencio, de estreno este viernes. Diego es Mariscal, ese “señor” del pequeño pueblo gallego en el que la corrupción, el poder del dinero y el tráfico de drogas condicionan un triángulo amoroso entre Quim Gutiérrez, Celia Freijeiro y Miguel Ángel Silvestre durante más de dos décadas. Un ‘malo’ de película que asegura “hacerse daño en las tripas” para sacer de sí mismo al personaje y que, para muchos, salva la película de Cuerda.