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Abdicación y reforma constitucional

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:31h
Los 168 artículos de la Constitución se agrupan en 10 Títulos. Dos tienen especial relevancia desde la abdicación ayer de Don Juan Carlos: el segundo -“de la Corona”- y el décimo -“de la reforma constitucional”. Y ambos apenas se han utilizado hasta ahora, por cuanto ni el Rey ni la Carta Magna -salvo matices menores- han cambiado desde 1978. Hasta ahora.

La ocasión habría sido perfecta para reformar la Constitución en profundidad, abordando aquellos problemas que antes del 78 no tenían la dimensión que ahora han cobrado. El Rey debería haber llamado a Rajoy y Rubalcaba a capítulo para que, entre ambos, consensuaran un nuevo proyecto capaz de concitar el mayor número posible de apoyos.

Por de pronto, rediseñar la España de las autonomías, manirrota y con tremendas disfunciones, devolver al Gobierno central competencias que nunca se debieron transferir -educación y sanidad especialmente-. Además, cincelar el modelo de Estado y dignificar la justicia despolitizándola y eliminando el Tribunal Constitucional para que sus atribuciones fueran asumidas por el Supremo son cuestiones que mejorarían sobremanera con otra redacción constitucional. Sólo con estas premisas, el funcionamiento institucional de España ganaría muchísimos enteros. Además, PP PSOE conforman una mayoría lo bastante sólida como para aportar una cimentación duradera al proyecto. Que no se ha hecho, pero que aún puede hacerse. Además, la reforma implica un referéndum. Pero un derecho a elegir que ya no se conjugaría como verbo intransitivo: elegir, al hilo de la Constitución, sobre la propuesta presentada por –y aprobada ante- las Cámaras. En suma, los partidos constitucionalistas recobrarían la iniciativa política frente a populistas, nacionalistas y otros grupos anti-sistema.
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