China, Vietnam y la tensión en Asia
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:20h
Si usted quiere pasar sus próximas vacaciones de verano en Vietnam, tal vez debería evitar las islas Paracel -que en chino se llaman Xisha- porque pueden convertirse en el próximo foco de tensión en Asia. Mientras Japón anuncia que se va a involucrar más en la seguridad colectiva asiática y envía barcos a Filipinas, Pekín y Hanoi se han enzarzado en un enfrentamiento diplomático a propósito de una plataforma petrolífera.
El conflicto estalló el pasado 2 de mayo, cuando China situó una base de perforación de petróleo Haiyang-981, valorada en mil millones de dólares y propiedad de la Compañía Nacional de Petróleo de China, en unas aguas reclamadas que China y Vietnam se disputan. En la operación participaron 80 barcos chinos. Vietnam reaccionó y hubo enfrentamientos. Hubo varios abordajes y los barcos chinos respondieron a los vietnamitas con cañones de agua. El incidente encendió las protestas en la provincia vietnamita de Binh Duong, donde se asaltaron e incendiaron 15 fábricas extranjeras. En medio de los disturbios, salieron dañadas instalaciones de empresas taiwanesas y surcoreanas. Cuatro ciudadanos chinos murieron y más de cien resultaros heridos. A raíz de las protestas, China ha enviado cinco barcos para evacuar a más de 4.000 ciudadanos que viven en Vietnam. A los pocos días, otro grupo de barcos chinos hundió un pesquero vietnamita a unos 30 kilómetros de la plataforma petrolífera. Hubo una víctima entre los pescadores. El Gobierno vietnamita ha calificado el incidente de “terrorismo”, mientras que el chino ha aumentado el nivel de alerta de seguridad para sus turistas. A pesar de los esfuerzos de Hanoi por evitar la violencia antichina, el resentimiento contra Pekín crece a medida que el poderoso impone su voluntad al más débil.
Militarmente, Vietnam no resiste la menor comparación con la República Popular China. El país del Sudeste asiático derrotó a Francia y a los Estados Unidos el siglo pasado, pero es imposible imaginar siquiera que pudiera oponerse con las armas al ejército chino. Con 88 millones de habitantes y una superficie algo inferior a la de Alemania, la República Socialista de Vietnam es el paraíso para muchas empresas extranjeras que se aprovechan del bajísimo precio de la mano de obra y de las carencias normativas del país en materia ambiental o de seguridad y salud de los trabajadores. Aunque no es un país rico –tiene una renta per cápita de 2.700 $- Vietnam se está desarrollando. Un conflicto con China crearía serios problemas a Hanoi y la retirada de la inversión china detendría ese crecimiento del que viene gozando desde 2007.
Sin embargo, la fuerza militar china es –paradójicamente- una de las debilidades de Pekín. Desde la derrota del Kuomintang y el triunfo de la Revolución Comunista, la narrativa oficial china es que el ejército es del pueblo, que su labor es defensiva y que jamás ha invadido otro país. El caso de la Región Autónoma de Xizang – el Tíbet, cuya capital es Lhasa- lo consideran la liberación pacífica de un territorio estrechísimamente vinculado a China durante toda su historia y sobre la que los propios representantes del XIV Dalai Lama reconocieron la soberanía china en el llamado “Acuerdo de los 17 puntos para la liberación pacífica del Tíbet”. La oposición tibetana en el exilio considera inválido este acuerdo. Cada cierto tiempo, el Gobierno chino recuerda a las demás potencias asiáticas –y, especialmente, a Japón- que China jamás ha tenido políticas expansionistas en Asia. Antes bien, se han servido del comercio, la cultura y la ayuda exterior para ejercer una influencia más prestigiosa y popular que la que les hubiesen brindado las armas.
Por eso, una política de hechos consumados en Vietnam puede minar el prestigio de que goza China fuera de sus fronteras. Sin duda, es un inversor imprescindible en Vietnam –y, en general, en toda la región- pero los enfrentamientos que viene teniendo con Japón a propósito de las islas Senkaku –llamadas en chino Diayoutai- y con Filipinas, Malasia, Indonesia, Vietnam y Brunei en relación con las islas Spratly pueden minar la popularidad china y –aún más peligroso para Pekín- legitimar la política estadounidense en Asia. En efecto, Washington tiene entre sus prioridades la contención del crecimiento chino y el despliegue de una estrategia de seguridad colectiva que comprende tres anillos defensivos que se extienden desde Corea del Sur y Japón hasta Australia.
El problema es que en Asia ningún Gobierno quiere “perder la cara”, es decir, aparecer como el derrotado y sufrir la humillación del fracaso. Así, China no puede retirarse sin más ni Hanoi puede aquietarse ante la decisión china de instalar una plataforma petrolífera en unas aguas que Vietnam reclama. Mientras tanto, el Departamento de Estado contempla cómo China va sufriendo el desgaste que siempre supone ser una gran potencia.
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Analista político
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