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Colombia y su escasez de aliados naturales contra las FARC

domingo 26 de septiembre de 2010, 09:43h
A principios de semana comenzaba la operación que permitía acabar con uno de los narcoterroristas más peligrosos de las FARC, el “Mono Jojoy”. Su caída, más trascendente incluso que la de “Raúl Reyes”, supone un durísimo golpe para la narcoguerrilla, tanto moral como logístico. No en vano, se han interceptado 11 ordenadores que, estando en poder de quien estaban, es de suponer que guardarán información extremadamente valiosa. Puede que ese sea el motivo por el que Hugo Chávez se ha pronunciado con una mesura inhabitual en él. Más que nada, porque si los datos que aparecieron en el portátil de “Raúl Reyes” demostraban la vinculación entre el gobierno de Venezuela, las FARC y otras organizaciones terroristas como ETA, quién sabe lo que se descubrirá en el material informático que ahora se ha interceptado.


Nada especialmente revelador, por otra parte. Es de sobra conocido que las FARC matan, extorsionan, torturan y trafican con drogas. Esas son sus credenciales. Las cuales, por cierto, no deben ser suficientes para algunos mandatarios del continente -Chávez, Kirchner, Evo Morales y los Castro, entre otros-, mucho más afectos a la narcoguerrilla que al ejecutivo colombiano. En condiciones normales, la operación llevada a cabo en Colombia debía de haberle reportado al presidente Santos multitud de felicitaciones de sus vecinos. No ha sido así. Únicamente Estados Unidos y la Unión Europea han transmitido a las autoridades colombianas sus parabienes. Incluso en España, hay quien tildó en su momento a Alvaro Uribe de “genocida”, por combatir militarmente a las FARC. El “genio” autor de semejante dislate es el portavoz de Izquierda Unida en el ayuntamiento de Cádiz, haciendo suya la opinión de muchos de sus correligionarios.


Puede resultar anecdótico, pero no tanto. En gran parte de la izquierda, tanto iberoamericana como europea, sigue ejerciendo una absurda fascinación el mito de la guerrilla. Ocurre que en pleno siglo XXI y con la democracia asentada en casi todo el continente -salvo en Cuba y Venezuela-, dicha fascinación es absolutamente incomprensible. ¿O es que acaso existe alguna justificación para un grupo de delincuentes que secuestra, asesina y trafica con drogas? Ya va siendo hora de que a Colombia se le reconozcan los méritos de una lucha cuyos beneficios son universales. Pese a que algunos no quieran verlo.
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