El oneroso e improductivo diálogo social
martes 14 de julio de 2009, 07:29h
Gobierno, patronal y sindicatos se volvían a reunir este lunes, con el diálogo social como telón de fondo. Sobre la mesa, la rebaja de medio punto de las cotizaciones a la Seguridad Social y el subsidio extraordinario de 420 euros para aquellos parados que hayan agotado todas las ayudas a que tienen derecho. Extraña ver tan pocos frutos cuando se trata de una reunión a tan alto nivel y con un trasfondo como el de las enormes cifras de desempleo que padece España. Pero es lo que hay.
Las propuestas de la patronal podrán ser más o menos populares, pero al menos ofrecen algo tangible para ayudar a salir de la crisis y recuperar el empleo. Además, es de suponer que quienes son los encargados de generar la riqueza en el país sean los más interesados en dinamizar la actual situación de destrucción de empleos. Por contra, de lo que quieren hacer creer Gobierno y sindicatos, las medidas contra la crisis van más allá del mero abaratamiento del despido; algo, por lo demás, susceptible de muchas interpretaciones. Para empezar, un nuevo marco contractual (la CEOE ya propuso un modelo de contrato) que facilitase a las empresas la posibilidad de una contratación acorde con las actuales circunstancias del mercado laboral sería un catalizador de la actual dinámica de aumento del paro. No se trata sólo -ni fundamentalmente- de abaratar el despido, como machaconamente repite el Gobierno. La idea, para empezar, es abaratar la creación de puestos de trabajo que son caros y llenos de burocracia: ambos rubros fuera del alcance de la pequeña y mediana empresa que son quienes crean más empleo en España.
Al mismo tiempo, el Gobierno no puede basar toda su política en la concesión de subvenciones más o menos oportunas. Es de recibo que quien ha perdido su puesto de trabajo obtenga una prestación por desempleo y, dada la actual situación económica, resulta de todo punto necesario arbitrar una partida extraordinaria para aquellos desempleados que no pueden encontrar trabajo y que ven cómo se acaba su subsidio. Pero ha de poder hacerse algo más, aparte de congraciarse con los ociosos sindicatos. Los cuales, por otra parte, aún no se han dejado ver salvo para manifestarse a favor del régimen cubano o para privar a los madrileños de ver su canal autonómico cuando a los representantes sindicales les viene en gana. Así las cosas, no es de extrañar que los indicadores apunten a que los famosos “brotes verdes” que anunciaba Elena Salgado vayan a tardar en salir. Eso, si es que no se agostan.