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El “plan Obama” ve la luz

domingo 15 de febrero de 2009, 03:39h
La aprobación por parte del Congreso estadounidense del plan de estímulo económico propuesto por el presidente Barack Obama supone la mayor inyección económica desde 1930, al más puro estilo “New Deal” del presidente Roosevelt. De hecho, las similitudes entre ambos son numerosas: gastos en infraestructura -reparación de puentes, carreteras, y edificios públicos- así como diversas ayudas a la educación y energías no contaminantes. Además, también se destinará una importante cantidad en sufragar partidas de gasto directo, como cupones de comida y otros beneficios para los desempleados. Todo ello por un importe de 787.000 millones de dólares, una cifra nada desdeñable. Sobre todo, si se tiene en cuenta el marchamo de “gasto social” con que va ya marcada toda esta iniciativa, con las connotaciones que ello tiene en la cultura financiera norteamericana.


De hecho, más de un republicano ya se ha apresurado a compararlo con el “estado de bienestar europeo”, no se sabe si por ignorancia o resquemor. Pero algo de cierto hay en ello; al menos, en el espíritu del plan. Es un hecho que un amplio espectro de la población norteamericana ha visto mermar sus ingresos considerablemente. El desempleo y los desahucios son dos problemas que el americano de a pie tiene muy presentes. Obama lo sabe, y ha decidido adoptar medidas. El tiempo dirá si han sido efectivas o no. Pero, en este punto, viene al caso recordar que, entre los economistas e historiadores más serios, estudiosos y conocedores de la crisis del 29, son mayoría abrumadora quienes consideran que el famoso paquete del Presidente Rooselvet, lejos de propiciar la recuperación, la retrasó: de hecho fue el estímulo de la II Guerra lo que relanzó la economía mundial. En todo caso, al menos por su celeridad e intención la iniciativa del Presidente ha de valorarse positivamente. La labor de un gobernante es velar por los problemas de sus conciudadanos y es lo que Obama intenta hacer. Ante quienes critican sus medidas, la respuesta de su equipo económico ha sido tan rápida como contundente: poca autoridad moral tienen para hablar de recetas anticrisis aquellos que la desencadenaron. Además, hay que tener en cuenta que en la elaboración de este plan han participado las mentes más preclaras de la economía norteamericana y que el borrador inicial ha dado infinidad de vueltas hasta llegar al texto que ha aprobado la Cámara de representantes. Funcione o no, al menos es una idea centrada en querer resolver un problema, en lugar de maquillar encuestas: sería un buen comienzo si, en los países de nuestra lengua, los mandatarios tuvieran el mismo enfoque –ya que no las mismas recetas para problemas que, a menudo, presentan trasfondos muy diferentes.

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