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ETA alienta a sus masas

domingo 03 de enero de 2010, 01:08h
La manifestación celebrada ayer tarde en Bilbao en apoyo a los presos de ETA, por fortuna, evitó cuidadosamente la ultrajante exhibición de retratos terroristas que tanto parece gustar al nacionalismo en su conjunto aunque vulnere la ley y, por fin, las autoridades hayan decidido hacerla cumplir. En este sentido, lo ocurrido es buena muestra de la utilidad de imponer el estado de derecho. Por otra parte, lo concurrido de la convocatoria no dejaba lugar a dudas: Eusko Alkartasuna, Aralar, izquierda Abertzale, Alternatiba, Abertzaleen Batasuna -AB- y numerosos militantes de Ezker Batua y el PNV a título particular. Todos unidos reivindicando un trato preferente para un grupo de delincuentes cuyo único mérito ha sido matar y causar dolor enarbolando la bandera del nacionalismo radical y violento. Esa enseña bajo la que la totalidad de formaciones nacionalistas, radicales y -mal llamadas moderadas- parecen unirse cada vez que surge la ocasión.

No hace falta ser un experto en política penitenciaria para ver claramente el peligro que supone tener bajo un mismo techo a un grupo numeroso de terroristas orgullosos de sus actos. La política de dispersión ha dado excelentes resultados en la lucha antiterrorista, de ahí el empeño del nacionalismo por lograr su fin. Además, no son los únicos delincuentes que cumplen condena lejos de su lugar habitual de residencia. Otros presos también lo hacen, habida cuenta de la masificación de la población reclusa española, y no pasa nada. Al menos, los familiares de los terroristas pueden ir a verles de vez en cuando. Los de sus víctimas han de conformarse con ir al cementerio.

Todo ello coincide además en el tiempo con la resolución del Tribunal Supremo en la que queda acreditado que el PNV, durante su etapa al frente del Gobierno vasco, se excedió claramente en la concesión de ayudas a los familiares de etarras presos para subvencionar sus viajes. Ahora se sabe que no era legal, pero tampoco entonces parecía muy ético financiar con dinero público los viajes de apoyo a un puñado de asesinos. Quien delinque ha de pagar por ello. Eso sí, con todas las garantías que el Estado de Derecho pone a su disposición para que no se vulneren sus derechos fundamentales. Pero de ahí a gozar de una serie de privilegios por el mero hecho de matar en nombre del nacionalismo radical vasco va un abismo. Abismo que el Tribunal Supremo ha acotado en su resolución, y la ciudadanía vasca en las urnas desalojando del poder al PNV.
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