José Antonio Sentís

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JOSÉ ANTONIO SENTÍS es director general de EL IMPARCIAL.

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Paso cambiado

Imaginen otros diez años de Zapatero…

24-11-2009

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Parece evidente a estas alturas que el optimismo antropológico del líder socialista Rodríguez Zapatero se refiere sobre todo a su percepción de su destino personal. Es decir, Zapatero es optimista sobre sí mismo. Aunque no dé una. Aunque casi nada le salga bien. Aunque sus iniciativas más cotidianas o más estrafalarias tropiecen con el fracaso más palmario. Que puede ser la sumisión a un chantaje, la humillación ante una potencia colonial, la debilidad ante los nacionalismos, la hipoteca con los sindicatos o la imparable acumulación de parados.

Y, aún más, ese optimista Zapatero es capaz de ligar de forma asombrosamente hiperbólica su propio destino con el de la Tierra, como si hubiera llegado a La Moncloa con el sino cierto de salvar el Planeta y de reconfigurar la entera sociedad y las globales reglas económicas del mundo.

Muchos, entre los suyos, se lo creen, aunque parezca mentira. Y si ya es letal el síndrome de La Moncloa para quienes transitan por ella, en el caso de Zapatero este peligro ha llegado a su culminación con el espectáculo de culto a la personalidad que está propiciando en torno a su figura.

Como kermesse política es difícil presenciar alguna que haya podido dar más vergüenza ajena que la de la pasarela socialista sobre alfombra roja del último mitin. Pero cualquier interpretación sobre el espectáculo es corta, si uno se queda con el mero intento de reforzar la imagen de un señor que no entiende cómo no le quiere todo el mundo, con lo bien que sueña con hacerlo todo.

Eso es lo que pareció a primer vista, con el patético grito coreado de “Zapatero, no estás solo”, como si alguien hubiera dicho alguna vez que lo estuviera, siendo un presidente con mucho Gobierno, mucho Grupo Parlamentario, mucho amigo financiero y una férrea corte sindical (sin contar a los millones de votantes que tiene legítimamente abducidos).

Pero el acto fue de mucha mayor enjundia: sirvió para presentar una autocalificada Ley de Economía Sostenible, cuya descripción revela la megalomanía que sólo puede lograrse con una perfecta disonancia entre la realidad y la percepción. Pues una Ley pensada para España quiere resolver, por sí sola, el conjunto de los usos de las instituciones financieras; dar un golpe de muerte a los peligros del cambio climático; recomponer radicalmente los usos de las energías; transmutar el modelo económico y transustanciar el uso de la tecnología y la investigación. Asuntos, todos ellos, que tienen que ver con el panorama nacional, pero que resultan de muy incierto logro patrio si se desean aplicar a un mundo global a la vez que competitivo. O, para ser exactos, más competitivo que global.

En todo caso, que Zapatero sueñe en el gran cambio, como soñó en aliar las civilizaciones (tan estrechamente unidas, como se ve, en las guerras actuales y en otras bastante predecibles), o como soñó con la Paz Perpetua, o como se pronunció contra el Hambre en el Mundo, forma parte de su derecho. Aunque pensar que esos deseos se logran con una Ley en las Cortes españolas, con los votos de una mitad de diputados aliados a exiguas minorías rapaces, parece demostrar un exceso de imaginación.

Porque un señor que es incapaz de ajustar el déficit público, apoyar a la economía productiva, incentivar el empleo y evitar la sangría de parados, o, simplemente, resolver un secuestro de forma diferente a pagar el rescate, difícilmente tiene credibilidad como para proponer la modificación radical del mundo.

Pero Zapatero no es solo lo soñador que aparenta. Lo que ha revelado, y ésta es la cuestión fundamental, y no la alfombra roja de su desfile de modelos políticos, es que su plan, el de la economía sostenible, necesita un plazo de ejecución ¡diez años! Es decir, los dos años de Legislatura que le quedan como presidente ¡y otras dos Legislaturas más!

La amenaza de Zapatero es realmente grave, como se ve. Otros diez años con Zapatero, y cada uno de ellos con un Plan para salvar a la Humanidad de todos los que no son Zapatero. Ni Obama, condenado a sólo ocho años como máximo en la Presidencia, puede acompañar al líder español en su proyecto universal.

Diez años en los que Zapatero puede proponer, por ejemplo, una Ley para acabar con la Piratería mundial; un decreto para declarar ilegal el paro; un acuerdo autonómico para la agricultura sostenible (pues el Gobierno no parece sostenerla); un marco regulatorio para el mercado financiero internacional; una Ley Orgánica para acabar con la Guerra de Afganistán, y así, sucesivamente. Y todo ello, desde el Congreso de los Diputados español y desde el faro de la Moncloa, que puede llamarse a partir de ahora Faro de la Civilización.

De esa forma, las leyes de Zapatero (con los votos de UPN, Coalición Canaria y Esquerra Republicana de Cataluña) pasarán a la Historia como las de la Grecia de Solón.

Como decía Conan Doyle en boca de Sherlock Holmes, cuando se descarta lo imposible, lo improbable es la realidad. Y como es imposible que Zapatero salve a la Humanidad (bastante tendría la Humanidad con salvarse de Zapatero), la conclusión es que el Plan de Economía Sostenible sólo pretende sostener a Zapatero, justo un minuto antes de que los parados que ahora le votan (como dijo Montilla) dejen de hacerlo.

Y si Zapatero gana tiempo, tal vez pueda lograr esos diez años a los que aspira, entre chisteras y conejos, entre arruinados y parados, entre espías y espiados, entre secuestrados y paganos.

Postdata estatutaria
El Plan de sostenibilidad de Zapatero incluye que no haya gresca entre el Tribunal Constitucional y los políticos catalanes. Lo intentará el presidente, y tiene pinta de lograrlo en buena medida, a tenor de su propuesta de calma tras la presión descarada sufrida por ese Tribunal, de alta cuna institucional y de baja cama política. El desafío nacionalista al Estado (al poner su referéndum estatutario o los votos del Legislativo por encima del dictamen de la Justicia constitucional) cosechará otra victoria. Pese a lo cual, amagará con más rebeldía, aunque guardará sus fuerzas para otro momento. Que no tardará mucho, por cierto, porque el camino pseudoestatal del catalanismo político no tiene marcha atrás. Con diez años más de Zapatero, veremos a Moratinos pidiendo cartas credenciales en el Palau de Sant Jaume.



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