David Ortega Gutiérrez
David Ortega Gutiérrez es Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.
TRIBUNA
La generación de los años 50-70
Desde una perspectiva sociológica, la generación señala aquel grupo humano que caracteriza a una sociedad concreta en un tiempo determinado. Normalmente el cambio generacional se da cada 20 o 25 años, que viene a coincidir, aunque en estos últimos años se ha dilatado algo más, con la diferencia de edad entre padres e hijos. También es verdad que el trepidante desarrollo de las nuevas tecnologías, a veces contribuye a que el cambio generacional sea más rápido y en un lapsus de tiempo relativamente corto, una persona no excesivamente mayor se pueda sentir rodeado de un mundo material y comunicacional que no entiende ni domina.
¿Qué generación está protagonizando hoy la vida pública española? Sin poder ser muy precisos en los contornos temporales, sí podemos avanzar que desde la perspectiva política, económica, social y cultural, la sociedad española actual está principalmente dirigida por aquellas personas nacidas entre las décadas de los 50 a los 70. Esto significa que son ciudadanos que hoy tienen, más o menos, entre 32 y 61 años. Este es el abanico generacional que encontramos entre nuestros políticos, periodistas, empresarios, profesionales, artistas, etc.
Se trata de una generación que tienen puntos en común, otros distantes. Comparten que ni vivieron ni sufrieron la Guerra Civil española, esto, como todo en la vida, tiene sus ventajas y desventajas. No tener la experiencia traumática de una guerra es algo sin duda positivo, pero también es positiva la sabiduría y conocimiento que nuestros abuelos, que sí la vivieron y sufrieron, nos transmitieron respecto de determinadas virtudes vitales: la capacidad de sacrificio y de sufrimiento, lo que es la escasez y la necesidad, la ayuda común precisa frente a lo adverso de las circunstancias, requieres del otro, del vecino, del familiar, para sobrevivir, necesidad pues de compartir, de valorar los mínimos materiales de la vida, ya que muchos no lo tenían.
Nuestra generación vivió eso de oídas, pero no lo experimento en sus carnes. Conocimos la austeridad, pero no la escasez, algo bien distinto. Lo esencial no nos falto, aunque lo superficial no lo tuviéramos. Sin embargo, está generación de los 50-70, en estos 15 últimos años, de 1996 al 2011, ha vivido un tiempo vertiginoso caracterizado por una opulencia desmedida, un derroche injustificado, un desarrollo material embriagador, no acorde con la siempre imprescindible teoría del binomio esfuerzo-beneficio. Lógicamente esta dinámica no se sostenía y el batacazo de este último lustro ha dejado bastante descolocada a esta generación 50-70. La nueva generación, los jóvenes que han representado el 15 M, protesta, presiona, nos exige cuentas de lo que hemos realizado en estos tres últimos lustros, y tienen mucha razón en su parte crítica, discrepo sin embargo en algunas de sus propuestas, aunque parte de las esenciales centradas en acabar con el bipartidismo, reformar el sistema electoral, racionalizar la organización territorial del Estado, luchar por la separación de poderes y la independencia del poder judicial, o buscar un nuevo estilo de partidos políticos frente a los tradicionales de siempre, las comparta.
Termino, debemos empezar a asumir que toca cambiar el chip, precisamos de un nuevo estilo en nuestra vida pública, basado en el rigor y la seriedad. Necesitamos personas preparadas profesionalmente, pero sobre todo con una sólida preparación moral y cultural, hay mucho que reconstruir. El tiempo del despilfarro acabo, toca trabajar duro, apretarse el cinturón, volver a valorar las cosas que antes tirábamos o despreciábamos. El desarrollo sostenible del que todo el mundo habla tiene un mensaje de fondo, hay que aprender a ser felices con menos, hay que aprovechar más los recursos que tenemos, hay que pensar en el que está al lado por encima del terrible individualismo que ha reinado en estos últimos tres lustros. Insisto, toca cambiar el chip y reaccionar pronto, el tiempo corre en nuestra contra, y no debemos perderlo, se lo debemos a la siguiente generación.




