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Las esperpénticas celebraciones de la Diada

sábado 12 de septiembre de 2009, 04:05h
Cada comunidad autónoma celebra su día grande festejando el evento que estima oportuno. Es el caso de Madrid es el Dos de Mayo, día en que los madrileños iniciaron el levantamiento contra la invasión francesa. Para Cataluña, su fiesta es el día 11 de septiembre, más conocida como la “Diada”. Conmemora los sucesos que acontecieron ese mismo día de 1714, cuando Barcelona fue tomada por las tropas de Felipe V. Cataluña había apoyado al candidato austríaco en la Guerra de Sucesión española y no aceptaban la soberanía de Felipe V. Acabarían claudicando, no sin antes dejar para la historia frases gloriosas pronunciadas por el mismísimo Rafael Casanova.

Es muy posible que a los niños catalanes se les cuente la historia de otra manera, digamos, menos “españolista”. Tampoco es probable que lean alguna de las citas del mencionado Casanova, como aquella en la que se refería a Barcelona como “la ciudad en la que reside la libertad de toda España”. Quizá porque ahora el pobre Casanova tendría que morderse la lengua, a la vista del esperpento que cada año por estas fechas protagonizan la clase política catalana, salvo honrosas excepciones. Parece haber una especie de concurso para ver quién es más nacionalista.

Lo que pasa en Cataluña es el fracaso de Zapatero en su propósito de atraer al nacionalismo catalán hacia una senda de distensión e integración, si es que realmente existió alguna vez tal propósito. Los nacionalistas se han vuelto más voraces -si cabe-, y a tal punto ha llegado el sinsentido político que el PSOE tiene como socio a un partido secesionista y beligerantemente antiespañol, Esquerra Republicana. Algo así no pasa ni en la peor de las repúblicas bananeras. Y para colmo, año tras año, hemos de soportar las peroratas nacionalistas de unos y otros con la amable complacencia del progresismo español, demasiado cargado de complejos como para protestar mínimamente. El que la festividad de una comunidad autónoma se convierta en una jornada de reivindicaciones secesionistas es algo que sólo ha podido empañar la cruda realidad: las protestas de los múltiples desempleados que se han manifestado ante la popular ofrenda floral, eclipsando así a los nacionalistas de turno. Realismo frente a demagogia, un duro golpe para el señor Zapatero.
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