Olga González Alonso

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OLGA GONZÁLEZ ALONSO es periodista.

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Desde Galicia

Los gallegos somos comprensivos

31-01-2009

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Mientras España vive sin vivir en sí y no duerme por las noches por culpa del lío de los espías de Madrid, aquí en Galicia la mayor parte de los ciudadanos, qué humildes somos, andamos estos días preocupados por otros temas sin duda menores. Y no me refiero sólo a la crisis económica o al paro; ni siquiera al hecho de que tengamos un presidente de la Nación que bate récords de audiencia diciendo mentiras o no diciendo nada sin perder la mueca en un plató de televisión. Aquí, en Galicia, andamos revueltos porque el fin de semana pasado vino un viento huracanado —ciclogénesis explosiva le llaman los expertos, un vendaval como un mundo de grande le llama cualquier gallego- que lo ha dejado todo patas arriba y que, entre otras consecuencias, mantiene sin electricidad aún hoy a miles de ciudadanos.

El bipartito que supuestamente nos gobierna plantó cara al temporal como suele hacer con todo, o sea, girándola hacia otro lado, que para eso ellos gestionan según les da el aire. Difundieron la alerta con retraso, decidieron suspender las clases del viernes el jueves por la noche y así la mitad de los padres no se enteraron y la mitad de los niños se desplazaron al colegio igual, y en la jornada ciclogenética dejaron a los ayuntamientos más afectados abandonados a su suerte mientras la centralita de emergencias se colapsaba. El bigobierno reaccionó casi una semana después, aprobando un paquete de ayudas para resarcir daños humanos y materiales que sabe Dios cuántos temporales tendrán que pasar para que los damnificados las cobren. Baste recordar que algunos aún están esperando las de las riadas de 2006.

Pero los gallegos somos comprensivos. Eso es lo que dice Fenosa, la compañía eléctrica mayoritaria en esta Comunidad, que asegura que no espera recibir muchas reclamaciones. Y tampoco pierde la mueca. Total, sólo fueron más de cien mil familias las que se quedaron sin luz, y aún son cientos las que siguen sin ella. Pero ante una ciclogénesis explosiva los gallegos lo perdonamos todo. Perdonamos que Fenosa no reforzara sus equipos de asistencia ante averías a pesar de la predicción meteorológica. Que no invierta en infraestructuras y mantenga los mismos tendidos desde hace no se sabe cuántos años. Perdonamos que la excusa del vendaval no convenza a nadie porque en muchos lugares de Galicia la luz se marcha en cuanto sopla una brisilla o caen cuatro gotas. Perdonamos que con tal calidad de servicio sigan subiendo las tarifas y, justo en estos días, les estén llegando a muchos gallegos recibos que hasta cuadruplican la cuantía habitual. Y que, mientras tanto, presuma de haber ganado mil y pico millones de euros el año pasado, superando el veinte por ciento de beneficios con respecto al anterior.

Perdonamos también que nuestro bigobierno no le ponga las pilas a Fenosa, ocupadas como están sus ambas partes en hacer campaña hablando mal la una de la otra para intentar ganar los votos necesarios que les permitan volver a fingir que se llevan de cine para compartir los despachos de la Xunta. Que no le exija a la eléctrica que mejore sus equipamientos y su servicio y deje de tratarnos como a pobres y cobrarnos como a ricos.

Los gallegos somos comprensivos. ¿Cómo no vamos a serlo cuando, enfrente de estas pequeñas incidencias nuestras existen problemas tan graves como las tramas de espionaje de Madrid? Aquí también entendemos perfectamente que las preocupaciones deben ser esas. Que no se diga que en Galicia vivimos a oscuras.







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