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Los motivos de Durán i Lleida

martes 01 de junio de 2010, 01:26h
Las ejecutivas federales de los dos principales partidos de ámbito nacional suelen pasar revista los lunes a los temas que, a su juicio, marcarán la agenda política de esta semana. Pero ayer, tanto en Génova como en Ferraz dio la impresión de que no tocaba sacar demasiado a colación las incendiarias declaraciones de José Antonio Durán i Lleida, quien llegó a definir al Presidente del Gobierno como un “cadáver político”. Y es que el apoyo que los nacionalistas catalanes dieron la pasada semana al decreto que validaba las medidas económicas implementadas por el Ejecutivo es un asunto sumamente complejo; tanto, que ni el propio electorado de CIU ha acabado de entenderlo del todo.

No es complicado, por otra parte. La voluntad pactista de las nacionalistas catalanes es una de sus principales señas de identidad. Seña que ellos intentan vender como responsabilidad de Estado y como talante de estabilidad, cuando de lo que se trata en realidad es de un mero do ut des. Le ha ido bien siempre a CIU respaldar al gobierno de turno, a cambio siempre de suculentas concesiones. Especialmente rentables le han resultado los apoyos prestados al PSOE, pese a que en Cataluña el tripartito sea el rival a batir. Con todo, existe el convencimiento en socialistas y nacionalistas catalanes de que en un futuro no muy lejano tendrán que volver a entenderse, de ahí la política de la zanahoria (permitir al Gobierno sacar adelante su decreto) y el palo (tildar a Zapatero de “cadáver político”) puesta en práctica por Durán en Madrid.

Ahora bien, cabe preguntarse hasta qué punto es ético vender responsabilidad política, por un lado, y escurrir el bulto, por otro. Si tan mal ve las cosas Durán y tan incapaz considera al Presidente del Gobierno, lo suyo es que hubiera votado “no” a unas medidas en las que ni él mismo cree. Pero le han podido el temor de que un adelanto electoral a nivel nacional coincida con los próximos comicios autonómicos catalanes, así como sus reticencias a desatar hostilidades con un PSOE junto al que le ha ido bastante aceptablemente, y con el que bien podrían necesitar complementarse tras las elecciones autonómicas y generales. Política de intereses.


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