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Obama abre el melón sanitario

sábado 07 de marzo de 2009, 01:19h
El sistema sanitario estadounidense recibe innumerables críticas dentro y fuera del país. Lo cierto es que es uno de los mejores del mundo, pero al mismo tiempo está aquejado de grandes males. Su elevado coste no es el último de ellos. Desde Europa se ve con recelo que sólo los mayores de 65 años y los pobres (aunque un mileurista de aquí sería considerado allí un pobre) cuenten con una sanidad socializada. George W. Bush socializó en gran parte la prescripción médica y Obama ha despertado de nuevo el debate sobre el modelo de atender la salud de los estadounidenses. Lo ha despertado pero lo ha cerrado al mismo tiempo, porque ha convocado a grandes expertos en el sistema para que ofrezcan sus soluciones… siempre que no pasen por el mercado. Una parte no desdeñable de expertos considera que los males del sistema se debe a que está demasiado socializado, no a que no lo esté del todo. Obama, pese a su apabullante popularidad, no las tiene todas consigo. El pueblo americano desconfía de una sanidad plenamente socializada y, aunque imponerla contra los instintos de tantos compatriotas no es imposible, sí es cierto que tampoco es fácil.


No sabemos exactamente cómo se acercará a una “europeización” del sistema sanitario estadounidense. Pero si conocemos un par de cosas. La primera, es que habla de ese sistema en términos catastróficos y de urgencia, dos elementos que son característicos de un discurso socializante: se quiere convencer de que el mal es de grandes dimensiones para aparecer ante el temeroso ciudadano como salvador de última instancia. Aunque sea robándole libertad de elegir respecto de la gestión de su salud. El segundo componente que sabemos es que financiará el enorme coste de esa socialización revirtiendo las “rebajas de impuestos a los ricos” de George W. Bush. Pero Bush no rebajó los impuestos a los ricos. Lo hizo con los impuestos que pagaba el capital, de modo que si quiere revertir su política, lo que tendrá que hacer es subirlos. Y, en general, gravar impuestos al capital para financiar un consumo es una mala idea, ya que el crecimiento adquiere la forma de aumento del capital. Si se desincentiva su acumulación, favoreciendo el consumo, aunque sea de servicios sanitarios, se está asestando una estocada al crecimiento económico. Y ello implica menos riqueza para atender las necesidades de la gente. Las sanitarias incluidas.
Sea como fuere que Obama salga del atolladero al que le ha llevado su brillante retórica, lo que es cierto es que el sistema de salud de los Estados Unidos merece un debate de verdad y un reajuste para mantener la calidad de su asistencia, hacerlo por un menor precio y llegar hasta esos pocos rincones de la sociedad a la que no alcanza.
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