El BCE mantiene los tipos en el 1,25 por ciento. Nada nuevo. Pero su presidente, Jean Claude Trichet anuncia que los subirá en julio. Y eso ya es más significativo.
Ya hemos contado aquí que
la OCDE exige a los bancos centrales que suban los tipos de interés, y rápido. El BCE ha tomado la delantera. Se especulaba con la posibilidad de que anunciase ahora la subida de tipos de julio. Aunque
Trichet ha dicho en otras ocasiones que la subida anterior no tenía por qué ser el preludio de una serie de subidas paulatinas, lo cierto es que el mercado descuenta esto, y de hecho se prevé que el año cierre en el 1,75 por ciento. Es decir, que a la subida de julio (que elevaría los tipos al 1,50 por ciento), le seguirá al menos otra más antes de que termine el año.
Los gobernadores de bancos centrales son expertos semiólogos, que cuidan sus expresiones en un código particular, sólo apto para periodistas expertos. Trichet ha dicho: "Quizá en la próxima reunión se dé una subida de los tipos, aunque eso no significa que vaya a tener lugar. Hemos acordado adoptar una fuerte vigilancia". Y cuando dice: "Adoptamos medidas cuando creemos que son necesarias para mantener la estabilidad de los precios, pero no queremos dar señales sobre cuáles van a ser las siguientes decisiones sobre las subidas de tipos", se entiende que se toma un respiro antes de volver a subir los tipos. En Banco de Inglaterra, el más antiguo de todos, se sigue negando a subir tipos. No lo ha hecho este jueves, ya que los mantiene en el 0,5 por ciento, y no piensa hacerlo en un plazo medio.
El debate, en los Estados Unidos, es si la primera economía del mundo va a recaer en una
nueva recesión (recuperación en forma de W) o no. Ya hemos recogido los temores del ECRI sobre la evolución de la economía mundial, en la que observa una desaceleración después del verano. El discurso de
discurso de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, del pasado martes no hacía mención alguna a esa posibilidad. Pero varios analistas la dan ya por descontada. Es el caso del informe Money Morning de The Market Oracle. Recuerda que “las recesiones sirven a un propósito productivo: Una crisis económica puede limpiar las malas inversiones y la mala asignación del capital que tiende a proliferar durante los períodos de boom económico, y erradica el exceso de capacidad en las industrias, lo cual asientan la base para una recumeración más vigorosa y, en última instancia, más sana”. Es decir,
la crisis es el comienzo de la recuperación, pues es el ajuste necesario.
El problema es que en los Estados Unidos la política fiscal y la monetaria están encaminadas en el sentido opuesto, para aminorar los dolorosos procesos de la crisis, que son los saludables ajustes necesarios. Pero por un lado no están funcionando, dice Money Morning, como se ve en que sólo se crearon en mayo 54.000 empleos, el menor crecimiento en ocho meses y un tercio de lo esperado. Y por otro, la política fiscal es pan para ayer y hambre para hoy: Ha gastado casi un billón de dólares “en objetivos tan improductivos como las nuevas energías” y contratos con la Administración que son “temporales” y que “están desapareciendo a medida que el dinero de Washington se agota”. Además, el gobierno acapara el crédito que de otro modo se habría canalizado a las pequeñas y medianas empresas, que sí crearían empleos productivos y sostenibles. ¿Les suena esto de algo?
Pero hay más. La
política monetaria, con tipos al cero por ciento, está creando una
nueva burbuja que ya se nota en los bolsillos y por otro lado favorece la sustitución de trabajo por capital (ahora más barato), en lugar de lo contrario. Pero Bernanke ha optado por crear más inflación (la tercera ronda de aumento de la liquidez, el QE3), lo que creará más inflación y provocará un alivio temporal y falso. Por un camino algo diferente pero esencialmente el mismo, y también en The Market Oracle,
Bob Chapman llega a la misma conclusión de una depresión dentro de la depresión.