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Terroristas en la calle

lunes 05 de enero de 2009, 00:16h
Los fines de semana suelen ser escenario de manifestaciones diversas. En distintos puntos de España, sábados y domingos son aprovechados por gente que reivindica cuestiones de toda índole. Y Euskadi no es excepción, salvo que allí, las concentraciones públicas suelen girar todas en torno al mismo, cansino y lamentable tema. Así, el primer fin de semana de 2009 era testigo de cómo miles de personas se manifestaban por las calles de Bilbao convocados por la asociación de familiares de presos de ETA, Etxerat, para exigir la amnistía de los encarcelados. Denunciaron también las “torturas” que Francia y España infligen a sus valientes “gudaris” criticaron la dispersión de los presos por distintas cáceles, y acusaron a las administraciones penitenciarias francesas y españolas de tener vigente la “cadena perpetua” para muchos “presos políticos vascos”. Todo ello, como suele ser habitual, sazonado con los tradicionales “vivas” a ETA e insultos a PSOE, PP y fuerzas y cuerpos de seguridad. Nadie del PNV estuvo allí oficialmente, aunque sí su sindicato, ELA, así como sus aliados de Aralar.


Presidía la marcha un grupo de fotos de los terroristas presos, entre ellos la del ex “número uno” de ETA, “Txeroki”. Se distinguían también imágenes de De Juana Chaos y demás iconos nacionalistas sangrientos. Por supuesto, durante la celebración del acto nadie les importunó -ya se encargó la Ertzaina de que todo fuese como una seda- y pudieron proferir las consignas de apoyo al terrorismo que les vino en gana. ¿Porqué? Sencillamente, porque hicieron uso de su libertad. Esa libertad de la que carecen todos los que en Euskadi no son nacionalistas y saben que si salen a la calle a defender -no muy alto, eso sí- sus opiniones, pueden encontrarse con una patada “por todo lo bajo” de algún militante del PNV, o con una acusación de la Ertzaina de desórdenes públicos, cuando no de algo peor al poco tiempo. Que se lo digan si no a tantos y tantos muertos por expresar sus opiniones en contra de la sinrazón nacionalista. Porque nacionalista es el gobierno que permite y ampara estas concentraciones. Un gobierno que protesta airadamente cuando la justicia determina algo tan obvio como que ANV, PCTV y demás marcas no son sino derivados políticos de ETA, en imprescindible simbiosis. Un gobierno que mira hacia otro lado cuando en sus calles se enaltece a delincuentes con las manos manchadas de sangre.


Puede que en Hernani, Rentaría o demás bastiones abertzales haya temor en manifestarse, o en comprar un determinado periódico. Carencias democráticas, en fin, que desde el gobierno vasco se intentan camuflar. Pero no es -o no debería- ser el caso de Bilbao, una de las ciudades más importantes de España. ETA sabe que su fin no es inminente. Por eso se la deja actuar. Y es que ETA no son sólo los comandos, sino también quienes se manifestaban este fin de semana en Bilbao, las "herriko-tabernas", exhibiendo enormes carteles con fotos de los asesinos, los mismos que dan nombres a calles y parques. El día que termine esta impunidad que glorifica asesinos, el día que se les empiece a aislar socialmente, la batalla contra el terrorismo comenzará a ganarse: veremos a los demócratas, sin miedo, en la calle y a los terroristas en sus madrigueras. Pero ha imponerse desde el Gobierno y quererse desde los “batzokis”. Y de momento, no se quiere.
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