Pedro J. Cáceres

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PEDRO JAVIER CÁCERES es crítico taurino y periodista.

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TRIBUNA

Toros, libertad y democracia

01-11-2009

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No tiene por qué ser circunstancia de causa efecto el debate impostor abierto en la sociedad política catalana sobre la posibilidad de prohibir las corridas de toros y los movimientos anti taurinos que en vísperas del comienzo de sus temporadas se han agitado en la América de la tauromaquia, por otra parte habituales y cíclicos por estas fechas.

Por cierto, abortados de raíz en Colombia y México por los gobiernos respectivos consecuencia de su contundente respaldo social.

En Francia, recordemos, Sarkozy, les puso la “pulsera” de indeseables demagogos a estos movimientos para detectarles e impedir que sobrepasaran el perímetro sanitario en torno al Elíseo.

En Perú, Lima, la ciudadanía se ha postulado con firmeza y el Gobierno ha tomado nota seria para manifestarse, sin fisuras, en cuanto los “antis” tengan una mayor entidad.

Más va a tener que “lidiar” el pueblo soberano, aunque barruntando final feliz —por ser pueblo y soberano-, para sofocar los reductos intolerantes en Ecuador y, sobre todo, en Venezuela.

De todo lo expuesto colígase que la relación causa efecto sí es consustancial a la calidad democrática de los gobiernos respectivos.

Los toros, las corridas, La Fiesta, está segura y protegida en mayor grado en regímenes de libertad que en fascismos trasnochados de izquierdas y abundante caspa identitaria aborigen; lo que la progresía pusilánime acuñaría, cínica, “racismo positivo”.

El ventrílocuo Chávez y su muñeco Correa, si les dejan, están por el holocausto taurino.

En España la de las regiones, las autonomías, las nacionalidades, naciones de los mundos de “yupi” e incluso países de megalomaníacos, la estabilidad de La Fiesta pende, mismamente, de la musculatura democrática de cada Taífa para aplicar a los anti taurinos un condón, como Sarkozy, la píldora del día después, como mexicanos y colombianos, o una ley de plazos con manga ancha como en Cataluña.

En España - madre patria, y madre de la tauromaquia — también pende y depende de la credibilidad y fiabilidad del sector que vive y come de ella. Credibilidad, cuando menos, en cuarentena, y fiabilidad “cero técnico” —empezando por ellos mismos entre sí-.

Menos, alimentar la ceremonia de la confusión y reeditar las “dos Españas” con la manipulación y la falacia de signar como próceres de la Fiesta al PP y “bestia negra” a los socialsitas.

Ahí están las políticas de testimonio, posicionamiento, promoción con las escuelas y difusión con las televisiones públicas de las administraciones de Andalucía, Castilla la Mancha y Extremadura en contraposición con las de Valencia y Madrid, inermes en tales políticas, cuyo orgullo es ser las plazas más caras de arrendamiento para la explotación por parte del sector. A día de hoy, un millón de euros Valencia (rebajado para el 2010 a 360.000) y seis millones Las Ventas.

Pero siempre, como a Bogart en Casablanca, le quedaría París a nuestros taurinos de “piñón fijo” les confiaba el PP en Cataluña.

Y, mira por donde, ha sido el PSC el primero en mover ficha, en tiempo y plazo, sin esperar a la prórroga, para interponer una enmienda a la totalidad que abre el debate garantista al Parlamento autonómico y una puerta a la esperanza, no ya de los taurinos, si no a la tolerancia democrática.

Respeto institucional y promoción, pero al menos libertad en democracia para La Fiesta. Esa es la esperanza, y no otra.

Para leer entre líneas, no confundir matando moscas a cañonazos y hacer más diana y menos ruido, máxime en estos días de “hallowen” en que alguna esperanza apunta a “muerto viviente”.





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