Turquía sigue indignada
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:25h
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, reconocía ayer sábado que la policía seguiría actuando “contundentemente” contra los indignados turcos que ayer pretendían acceder a la plaza Taksim de Estambul para conmemorar el aniversario de las protestas ciudadanas. Un año después, la situación en el país dista mucho de estar tranquila. La tragedia de la mina de Soma, donde más de 300 personas han perdido la vida a causa de un accidente, originaron hace apenas quince días una nueva oleada de disturbios, en los que se ha visto implicado el propio primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. El accidente en cuestión destapaba una serie de corruptelas en la explotación minera, plasmadas en deficiencias palmarias en materia de seguridad.
El resultado, más de 300 víctimas, allegados a la formación de Erdogan enriquecidos y otro caso más de corrupción que vuelve a aflorar. Por otra parte, el primer ministro turco ha ido impregnando de su islamismo moderado -con el autoritarismo y recorte de libertades que ello inexorablemente conlleva- la forma vida de un país atípico, quizá el único de mayoría musulmana y con una democracia más que aceptable. Con esta protesta, los manifestantes dejan bien claro que no están dispuestos a perder un ápice de su libertad. La similitud con movimientos como el 15-M español es muy lejana, por cuanto en Turquía las circunstancias son diferentes. En cualquier caso, Erdogan debe actuar con mucho tino si no quiere que toda esta situación se le vaya de las manos.