opinión
Viernes, 26 de septiembre de 2008     Edición de las 03:02

Separación de poderes
Carlos Divar, un acierto

Lo difícil, en un país de epidérmico cotilleo, ha sido mantener oculto el nombre de Carlos Divar durante dos meses largos. Sin duda en el secreto estaban muy poquitos, y lo mantuvieron sin filtraciones aeroportuarias. Hasta que el mago, el pasado lunes, sacó su nombre de la chistera, llegaron a manejarse nombres extravagantes, perfiles imposibles y otros candidatos sólidos y creíbles, pero todos claramente adscritos a una determinada sensibilidad. La sorpresa ha sido la opción por una persona no asociada (el único de los miembros judiciales del nuevo Consejo no perteneciente a ninguna asociación judicial) y de la que no se conoce ninguna manifestación o inclinación política. Lo menos que se puede decir de Carlos Divar es que es un profesional vocacional de la judicatura, que ha ejercido con dedicación, que es un jurista poco dado al atrevimiento y al uso alternativo, buen compañero y extraordinario jefe.

En el torquemadismo que algunos tanto disfrutan nos hemos encontrado con el titular de que es un hombre muy religioso. Jamás he visto que se usen las convicciones religiosas para identificar a alguien. Forman parte de su fuero interno, de su libre albedrío y no interesan a nadie. Pero es que además, el titular encierra un poco sutil mensaje de desacreditación.

Carlos Divar, un hombre sostenido sobre firmes valores, es querido por todos sus compañeros (difícil en un mundo de cuchillos largos). Es independiente, auténticamente independiente. Y, sobre todo, es un constante apelador al entendimiento, a la búsqueda de acuerdo, y, por el contrario, abomina de los enfrentamientos, de las mayorías artificiosas. Carlos Divar, o lo que Carlos Divar representa, es un regalo para el Poder Judicial.

Tras un convulso Consejo General del Poder Judicial (el Consejo largo), y después de la selección de los veinte Vocales según el manoseado sistema de reparto de las cuotas partidarias, la falta de crédito con lo que vivía el sexto Consejo de nuestra democracia era ABSOLUTA. Su contador estaba ya en negativo antes de empezar. Desacreditado ante una sociedad descreída, alucinada ante la politización del órgano que debe velar por la independencia del Judicial respecto de los poderes políticos.

Con Carlos Divar al frente se ha resucitado a un órgano muerto o moribundo. Es verdad que su voto tiene el mismo valor que el del resto pero su indiscutible autoridad moral habrá de dejarse sentir, en beneficio de todos.

Las críticas —normalmente a hurtadillas, de los cobardes de siempre- a Carlos Divar han provenido de los sectarios que creían había una oportunidad de oro (parapetados bien en San Bernardo-Ministerio y Fortuny-Fiscalía General) para “tomar la Justicia” al modo del Palacio de Invierno de los zares.

P.D.: Creo haber saludado a Carlos Divar una vez. Nada más.

Enrique Arnaldo


ENRIQUE ARNALDO es profesor de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial.

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