José Antonio Sentís
JOSÉ ANTONIO SENTÍS es director general de EL IMPARCIAL.
opinión
Paso cambiado
Zapatero engañará a Rajoy
La verdad de este enunciado es razonablemente analítica y puramente estadística. La de ayer martes ha sido la décima de las reuniones en La Moncloa entre el presidente del Gobierno y el líder del PP. En las nueve anteriores, Rajoy ha sido engañado miserablemente. Y no es que lo diga yo: es que lo dijo Rajoy en la campaña electoral. Responde, por lo tanto, a una lógica implacable que Zapatero vuelva a hacer lo mismo de siempre: engañar a Rajoy. Pero no adelantemos acontecimientos, aunque seguro que vemos un más o menos próximo debate parlamentario en el que Rajoy se queje por los embustes de su interlocutor presidencial. Ciñámonos a los hechos: Zapatero, del ronzal europeo, toma medidas económicas que ni en éxtasis alucinatorio hubieran cabido a Solbes, pero se lanza a ellas, a la salvación de la Banca española (más solvente en líneas generales, por cierto, que el Gobierno) con el fervor del converso que ha descubierto la pólvora. Tan orgulloso de su descubrimiento queda, que no consulta con nadie. Después de salvar el choque de las civilizaciones con su aportación teórica; después de alcanzar la verdadera igualdad entre hombres y mujeres creando un ministerio al efecto; después de acabar con el franquismo de una vez por todas, que hay que ver lo que cuesta mantener la lápida en su sitio… pues, después de tan grandes logros acreedores a varios premios Nobel, ahora ha llegado el turno a la economía española. Qué digo española: a la mundial. Y no es cosa de compartir el éxito reeditando los Pactos de la Moncloa. Éste es exclusivo del carismático líder socialista. Pero, que siempre hay un pero, nos queda un pequeño problema. Las grandes intervenciones sistémicas, como esta operación de "salvar a Willy", siendo Willy el sector financiero y no una ballena, tardan un poco, o un bastante, en llegar a los ciudadanos. Y, claro, a ver cómo se explica esto de ingresar 150.000 millones de euros en cuentas privadas a los próximos tres millones de parados, y a muchos más millones a quienes no les llega la hipoteca al cuello. Y ahí viene la magia del trilero: reunirse con Rajoy, exigir comprensión y apoyo a Rajoy, involucrar a Rajoy. Para que sea crítico, sí, pero responsable. Para que aparezca en la foto, aunque luego se queje mucho. Para cabrear al sector financiero contra Rajoy, si no se muestra suficientemente cómplice. O para someter a Rajoy a la ojeriza ciudadana, si se pone gafe y poco colaborador con el patriotismo económico recién descubierto por el adalid igualitario. Rajoy, entonces, queda sometido a la ducha escocesa. Cada día, Zapatero le ofrece diálogo; cada día, Zapatero se pasa a la Oposición por el arco del triunfo. Cada día, Blanco atiza a Rajoy por su falta de patriotismo ante la crisis y Zapatero alude al "decretazo" de Aznar, mientras cada día, el Gobierno pide al PP que arrime el hombro para salvar a España salvando al Gobierno. No lo tiene fácil Rajoy. Y eso que su discurso es bueno, al pedir transparencia y control de la transferencia del dinero de los contribuyentes a las empresas financieras ahora acongojadas. De hecho, es el discurso de Obama, tan apreciado por los socialistas españoles. El problema es que nadie le va a hacer ni puñetero caso y, además, su papel ya ha sido amortizado. Ha salido en la foto del sofá de La Moncloa. Nadie del Gobierno le va a elogiar por su gesto. Hoy mismo, mañana y pasado mañana le van a poner a caldo. Ningún Blanco, ningún Zapatero le van a decir: gracias por escucharnos, aunque nosotros no te escuchemos a ti. Sólo le van a utilizar de pim pam pum para dar la imagen de que la crisis no es responsabilidad del Gobierno, sino de la Oposición que critica la forma de abordarla. Claro que ustedes preguntarán: ¿cómo se sale de ese abrazo del oso socialista? Obviamente, no soy un gurú político, pero intuyo que con fuertes dosis de liderazgo y bastante mala leche. Lo malo es que, en vez de eso, siempre le aconsejan lo mismo: bájate los pantalones con dignidad, para tomar el camino del centro.

