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Alcalde de Famagusta (Chipre)

"Famagusta está siendo ocultada tras la hipocresía internacional"

domingo 04 de abril de 2010, 12:40h
Ocupada por los turcos desde 1974, Famagusta es, en la actualidad, una ciudad fantasma que se desmorona con el paso del tiempo. Nadie vive allí y el acceso a la zona, en otros tiempos una de las más turísticas del país y con una industria naviera conocida en todo el mundo, está muy restringido por los militares turcochipriotas. Con motivo de su visita a España, EL IMPARCIAL entrevista a Alexis Galanos, alcalde grecochipriota de la ciudad y una de las figuras políticas más eminentes de la isla en los últimos años.
En una habitación del céntrico hotel Ritz de Madrid, Alexis Galanos recibe a EL IMPARCIAL antes de entrevistarse con el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. De voz serena y pausada, Galanos, flanqueado por el embajador chipriota en España, Nearchos Palas, aborda sin dudar la situación de Famagusta, su complicado papel como alcalde de esta ciudad fantasma, el estado de las negociaciones bilaterales entre Nicosia y Ankara o las demandas de su gobierno a la Presidencia española de la Unión Europea.

Como alcalde de Famagusta, una ciudad ocupada desde hace un cuarto de siglo, sin ciudadanos y en progresiva decadencia por el abandono y el paso del tiempo, ¿cuál es su labor?
Antes de nada, quisiera resaltar que soy alcalde electo de Famagusta. Los ciudadanos, sus legítimos habitantes y que ahora viven en otras ciudades y pueblos de Chipre, me han elegido por votación para ser su representante político.

En este caso en particular, la ciudad es la gente. No tenemos acceso al área urbana y los edificios están vacíos. Aún así, Famagusta sigue viva. Tenemos nuestras instituciones, la cámara de comercio, varias asociaciones culturales, algunas escuelas e, incluso, un equipo de fútbol muy famoso. De esta manera, mantenemos a la gente unida.

Mi labor consiste, en su mayor parte, en ser un embajador elegido por los ciudadanos de Famagusta. Llevar sus reclamaciones por todo el mundo, sensibilizar a la gente y dar a conocer la situación en la que viven los habitantes de la ciudad. Para mí sería un gran honor el poder iniciar el retorno de los ciudadanos legítimos de Famagusta a sus casas.

No podemos olvidar que este caso representa un crimen de guerra en tiempos de paz, no ya sólo contra sus habitantes, sino contra toda la zona en cuestión. Los edificios se están cayendo por el abandono y el clima, está todo lleno de basura, hay ratas, etc.

De este modo, en colaboración con el gobierno nacional, iniciamos hace tiempo una campaña de recogida de firmas por toda la isla para denunciar la situación y para que las diferentes resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que establecen de manera inequívoca la devolución de Famagusta a las autoridades grecochipriotas, sean puestas en práctica de manera efectiva e inmediata. A día de hoy, hemos logrado más de 30.000 firmas que se han presentado ante las autoridades comunitarias en Bruselas y también hemos apelado ante el Parlamento europeo.

Por otro lado, ya que no puedo ejercer mis funciones administrativas, desempeño una labor de cohesión intentando mantener a los ciudadanos de Famagusta unidos, perpetuar el legado cultural de la ciudad y mantener vivas nuestras raíces. Compartimos las aspiraciones del futuro, mantenemos la luz encendida.

¿En qué punto se encuentran las negociaciones bilaterales hoy en día?
En los últimos meses, hemos realizado una oferta que será muy difícil de rechazar por parte de las autoridades turcas y, de hacerlo, les pondría en una situación muy comprometida. Nuestras recomendaciones han llegado al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Queremos la implementación de una ronda de negociaciones basadas en el Acuerdo de 1979 y las resoluciones adoptadas en los últimos años por el Consejo de Seguridad de la ONU.

El primer paso, sin duda, es el visto bueno, por parte de las autoridades turcas, de inspectores internacionales en la región y que estos puedan elaborar un informe para ver cómo se puede reconstruir Famagusta y restaurar la vida allí. Este es un punto muy delicado que sin duda tardará mucho tiempo en ser aceptado. No sólo es una petición social y humanitaria, sino también ecológica.

En estos momentos, tenemos buenas vibraciones de los líderes europeos porque, en el fondo, Famagusta es una ciudad de la Unión Europea. ¿Cómo se puede aceptar a un país que está llamando a las puertas de Europa, que quiere formar parte de la familia europea, pero que, al mismo tiempo, ocupa y destruye sistemáticamente una ciudad comunitaria? Es una paradoja, como lo es que Turquía pertenezca a las Naciones Unidas y viole una tras otras las resoluciones emitidas por la ONU sobre la ocupación de Chipre o que se presente a Ankara como el guardián de la paz frente a oriente y, al mismo tiempo, ocupe nuestra ciudad de manera ilegal.



¿Cree que los organismos internacionales, en especial la Unión Europea y Naciones Unidas, hacen todo lo que está en su mano por solucionar el conflicto chipriota?
Creo que estas organizaciones, como instituciones, están haciendo un buen trabajo para llegar a un acuerdo satisfactorio. Desgraciadamente, siempre existen individuos con poder de decisión que anteponen sus intereses y los beneficios geopolíticos generales a este tipo de soluciones.

En vez de imponer la ley que emana de las Naciones Unidas, esta gente da prioridad a las relaciones nacionales y sus intereses particulares con un poderoso país como es Turquía. No creo que esta gente esté sirviendo en realidad a la ONU o a la Unión Europea, ya que mantienen las trabas a la obtención de una solución y, en el caso de Bruselas, fomentan la intransigencia de Ankara.

Hasta el momento, la Unión Europea ha evitado afrontar el problema y esto sólo cambiará cuando se den cuenta de que el problema no es tanto de Chipre, sino de toda la Unión. Puede que esto sea un error por parte de nuestro gobierno que no ha publicitado lo suficiente el conflicto en los círculos europeos. Mientras, Famagusta está siendo ocultada detrás de la hipocresía de la comunidad internacional.

En este sentido, mi trabajo es muy frustrante. Durante mucho tiempo creímos que por que ocurriera una injusticia en Chipre todo el mundo sabría de ella y no es así. Creo que mi país debería haber iniciado hace mucho tiempo una campaña internacional para hacer más visible nuestro problema a ojos del mundo. Así, nuestros grandes problemas son la apatía interna y la ignorancia externa sobre el conflicto chipriota.

¿Cree que la solución surgirá de un acuerdo bilateral entre las dos partes de la isla o que será necesario una imposición externa?
Mi opinión es que la clave de la solución está en una verdadera iniciativa política por parte de Turquía. El gran problema son los aspectos internos como la presencia de las tropas turcas y las consiguientes garantías. Estos aspectos deberían ser abordados de manera directa por Bruselas.

Pero, en origen, todo pasa por una iniciativa política por parte de Turquía. Ningún líder en Chipre puede solucionar esto por su cuenta sin que Ankara colabore y, para que esto ocurra, la Unión Europea y Estados Unidos deberían estar más involucrados.

¿Qué espera de la Presidencia española de la Unión Europea respecto al problema chipriota?
Muy simple. Queremos que España, desde su actual papel protagonista en el seno de la Unión, dé a conocer nuestra situación y acepte nuestras reclamaciones y peticiones. Que influya, no presione, para que Turquía asuma las resoluciones comunitarias y, sobretodo, las de Naciones Unidas.

Sabemos de las buenas relaciones políticas entre España y Turquía y creemos que ese puede ser un buen punto de partida. En nombre de la justicia, la política y la cultura, su país puede ser un gran interlocutor enmarcado, por ejemplo, en el contexto mediterráneo.

¿Cree que las negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea serán decisivas a la hora de alcanzar un acuerdo sobre la isla?
Sin duda. Tal y como están las cosas en la actualidad, Turquía jamás podrá entrar en la Unión Europea. No sé si otras razones se lo impedirán también, pero, lo que es seguro, es que el caso chipriota imposibilita esta opción. En lo que a Chipre se refiere, Turquía no puede entrar en la Unión a no ser que abandone la isla que, no olvidemos, es territorio comunitario a todos los efectos.

No puedo imaginarme el día en que Turquía sea un miembro de pleno derecho de la Unión Europea y, al mismo tiempo, mantenga sus tropas de ocupación en Chipre. No creo que haya ningún parlamento en Europa que aceptase esta situación.

El primer ministro turcochirpiota, Mehmet Ali Talat, declaró recientemente que su gobierno nunca aceptaría un acuerdo que no incluyera la retirada total de las tropas y las autoridades turcas de la isla, ¿es eso cierto?
El señor Talat siempre ha expresado, incluso hoy en día, sus reservas sobre la pertenencia de Chipre a la Unión Europea. Aún así, él sabe que las cosas han cambiado. En los últimos años, hemos logrado grandes cosas. No podemos regresar a los tiempos de Metternich o del colonialismo.

La gran hipocresía de Famagusta es que el señor Talat está muy contento con su status de europeo. Desde que Chipre se adhirió a la Unión Europea, él, como otros tantos turcochipriotas, disfrutan de un pasaporte comunitario, de tener seguridad social y otros beneficios gracias a la naturaleza comunitaria de Chipre.

De este modo, el señor Talat está jugando en ambos bandos y eso no puede ser. Debe ser o Turquía o Europa, pero no ambas al mismo tiempo. Espero que tomen la decisión correcta por el bien de Chipre.

Si en un futuro próximo Famagusta vuelve a ser una ciudad libre, ¿volverán los grecochipriotas a vivir en ella en coexistencia pacífica con los ciudadanos de origen turco?
Por supuesto. En la actualidad, se han puesto en marcha cinco proyectos diferentes para estudiar cómo se podría rehabilitar la ciudad. Pero, cuando esto se materialice yo ya no estaré aquí, mi labor ha sido sólo la de abrir la puerta.

Los habitantes legítimos de Famagusta quieren volver a su ciudad y reconstruirla. Sólo quieren vivir allí, en sus propiedades y recuperar el tiempo perdido. Fue una ciudad muy orgullosa de sí misma, con un pasado glorioso. Lo que sí tenemos muy claro es que Chipre lo conforman los chipriotas y que no antepondremos Famagusta a los intereses y al bienestar de todos ellos.
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