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tras ocho años
Las bóvedas del monasterio de El Escorial recuperan su esplendor

Los frescos de los italianos Luca Giordano y Luca Cambiaso, que cubren las bóvedas la Basílica del monasterio de El Escorial desde hace cinco siglos, brillan desde ahora con todo su colorido y esplendor gracias a una afanada labor de restauración llevada a cabo durante los últimos ocho años por Patrimonio Nacional. Tras la recuperación del mural de Giordano en el Casón del Buen Retiro, el interés por fomentar el rescate de esta delicada forma de hacer pintura da muestra de que se van dando los pasos acertados para mantener nuestro patrimonio en óptimas condiciones.
Los trabajos de restauración, que han ocupado a medio centenar de expertos durante ocho años, y los han alzado hasta los 20 y 50 metros de altura, han dado su fruto. Una superficie de nada menos que 1.000 metros cuadrados de pinturas murales de Cambiaso y otros 3.000 de Giordano han sido “mimados” durante todo este tiempo para sacar toda su magnificencia.
La ornamentación del templo, ahora recuperada su calidad, viste su estructura y cubre las bóvedas de cañón desde que Felipe II encargó por primera vez al renacentista Luca Cambiaso demostrar su talento para la corte española, allá por mediados del siglo XVI. Conocido por su actividad como decorador de los palacios de Génova, el italiano contó con la confianza del rey de la Casa de Austria para decorar la bóveda de la iglesia del monasterio, aunque dos años más tarde moriría sin terminar tamaña empresa. Entre sus obras conservadas destacan “La coronación de la Virgen” (en la bóveda de la capilla mayor) y “La Gloria” (en la bóveda del coro).
Un siglo después, el bisnieto de Felipe II, Carlos II, llamado “el hechizado”, se interesaba por otro italiano de pro, Luca Giordano, en un intento por continuar con la decoración de la iglesia. El pintor barroco, conocido en España como Lucas Jordán, y en Italia como Luca Fa Presto, por la velocidad que imprimía a su trabajo, se presentó en 1670 en España con el encargo de Carlos II de pintar los frescos del Real Monasterio de El Escorial y aquellos que cubrirían casi la totalidad de la Basílica: el clero, la capilla mayor, la nave derecha y la izquierda.
La inventiva y la técnica del pintor napolitano calaron en la corte de los Austrias y pronto contó entre sus proyectos con la decoración de la Iglesia de Atocha y el Palacio del Buen Retiro. Pero la muerte de Carlos II frustró la consolidación de Giordano, que tuvo que volver a Italia después de vivir la difícil situación de la época de Felipe V.





