Análisis
Las claves del debate Zapatero-Rajoy
martes 08 de abril de 2008, 19:10h
La primera de las claves fue, por tanto, el tono de los candidatos. Zapatero buscó una exposición inicial genérica y ambigua, con más música que letra, y conceptos amplios como decencia, solidaridad, paz, apoyo a los desfavorecidos, igualdad de trato, esperanza en el futuro, etcétera. Y, también, con ciertos deseos de echar balones fuera, como la explicación de los problemas de España por causas externas (crisis mundial) o por la mala suerte de que no llueva.
Por su parte, Rajoy intentó lidiar en lo concreto: medidas económicas (lucha contra la inflación y el déficit, política fiscal), control de la inmigración, derrota del terrorismo, eficacia contra la inseguridad, política del agua (recuperación del Plan Hidrólógico), de vivienda,
etcétera.
Ambos modelos ya habían sido confrontados durante la anterior Legislatura y durante la campaña electoral, por lo que no dieron pie a grandes novedades, si se exceptúa que Zapatero dio por revalidada su política por las urnas, y Rajoy siguió exigiendo cambios ante los problemas que, según su juicio, siendo los mismos se han hecho más acuciantes.
De ahí sólo podía generarse una incógnita, segunda y verdadera clave del debate: ¿Podrían entenderse los grandes partidos en Pactos de Estado?
La respuesta a esta pregunta quedó difícilmente aclarada. Ambos dirigentes se mostraron partidarios de los pactos de Estado. La diferencia fue que mientras Rajoy exigía concreción en estos acuerdos, Zapatero sólo abrió la posibilidad con un cierto tono de exigencia de cesión en la voluntad del PP. Es decir, que convocaba al PP a pactar como forma de rectificar la oposición tenaz de la pasada Legisatura, sin aclarar en qué términos o condiciones exponía la negociación.
De ello se deriva que los Pactos de Estado están a día de hoy tan en el aire como antes. Incluso Rajoy apeló a su fuerza parlamentaria para ser el protagonista necesario y suficiente para los acuerdos, mientras Zapatero no rechazaba la posibilidad de pactos puntuales con minorías. En todo caso, del debate salió una cita entre ambos líderes, y habrá que esperar a entonces para conocer si Gobierno y PP pueden entenderse en alguna materia.
La tercera clave, menos significativa, es que el debate, en esta ocasión, no tuvo la agresividad de otras oportunidades. Ni a Zapatero le convenía, por su mayoría parlamentaria, ni Rajoy podía permitirse, al no alcanzar la victoria y tener el lastre de la obligada recomposición de fuerzas en el Partido Popular tras las elecciones.
Las asignaturas pendientes de la Legislatura quedan, sin embargo, sin despejar. Por ejemplo, el modelo territorial de España que deberá abordar Zapatero, que apeló a una idea de España moral y social, más que política. O la forma de abordar el terrorismo, donde tampoco quedó claro si se eliminará el afán negociador. O la política exterior, donde tampoco se conoce si se pondrá interés en recuperar posiciones de influencia internacional hasta ahora puestas en segundo plano por Zapatero.
El debate, en todo caso, no ha dado pie para pensar que nos encontremos en el comienzo de una etapa política de fuerte confrontación, lo que puede interesar al actual Gobierno. Por el contrario, pesaba en el ambiente que el PP deberá reestructurar su posición en un inmediato congreso para establecer un liderazgo indiscutido y, a partir de ahí, proponerse como alternativa.