23 de abril de 2009 en el jardín Botánico de Madrid
martes 26 de mayo de 2009, 22:26h
En septiembre de 1923, y a instancias del pensador y diplomático mejicano Alfonso Reyes, se dio cita en el Real Jardín Botánico de Madrid un grupo variado de escritores con el pretexto de homenajear al poeta Stéphane Mallarmé.
El evento, muy representativo del ambiente desenfadado y festivo que destilaba la vida de los intelectuales de la época, estaba impregnado aún del temple ascendente de las vanguardias. Entre los allí convocados para guardar cinco minutos de silencio, que en eso consistió el acto, se encontraban: Alfonso Reyes, Eugenio d’Ors, José Moreno Villa, Enrique Díez-Canedo, José Bergamín, Juan Ramón Jiménez y José Ortega y Gasset. Después, Fernando Vela, secretario a la sazón de la neófita Revista de Occidente, pidió a los concurrentes que pusieran por escrito qué habían pensado durante ese breve lapso de tiempo. En el caso del autor de La deshumanización del arte, el resultado fue una ingeniosa parodia del flujo de conciencia de la novela vanguardista, trufada con fragmentos de versos del poeta invocado. En su silencio escrito, dice además Ortega que a ningún español se le hubiera ocurrido algo semejante.
Pues bien, el pasado día 23 de abril, en coincidencia con la celebración del Día del Libro, tuvo lugar, en el mismo escenario, una convocatoria que pretendía reeditar la del grupo orteguiano. Esta vez sí fue un español el promotor del acto; pero dudo, en cambio, si se trataba de recordar a los protagonistas del año 1923 o más bien de incitar a escritores actuales a verbalizar el silencio, el de ahora, claro está, distinto en su consistencia y valor del de antaño, al amparo de la inspiración de los emulados. De Mallarmé quedó sólo la ausencia.
Oficialmente, la cita surgió de la Escuela de Escritores de Madrid, y del Botánico, y el propósito alegado era el de rendir un homenaje al silencio, la reflexión y la escritura en el Día del Libro. La invitación no se limitaba a quienes acudieran al lugar mencionado sino que se completó con una llamada en la distancia, a través de Internet, para que se sumara con un silencio virtual todo el que así lo deseara.
Desconozco el balance de los organizadores; tampoco sé si se repetirá la experiencia. Pero observando a los silenciosos del día 23 echaba en falta el carácter de juego y divertimento que impulsó a los celebrantes del año 1923.