www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Apuntes guipuzcoanos

Juan José Solozábal
jueves 21 de agosto de 2008, 22:08h
Aunque paso las vacaciones en Vizcaya, mi memoria está ocupada por muchos recuerdos guipuzcoanos. Cuando paro en Guetaria, y paso debajo de su Iglesia para ir al bello puerto, no puedo menos de echar un vistazo, casi en dirección a Zarauz, a la villa de los jesuitas, donde en nuestra juventud hacíamos algún retiro. A uno de ellos, en los años sesenta acudió don José Ignacio Tellechea, el gran historiador, pero cuyo atractivo superaba ampliamente esta faceta suya. Se trataba de un intelectual católico de fuste, que sintonizaba perfectamente con los aires renovadores del Concilio Vaticano II a cuyos trabajos no había sido ajeno, en la onda de lo que el célebre “aggiornamento”, demandaba. Se movía con igual soltura en el campo de la teología que en del pensamiento filosófico de la época. Podía hablar de Guardini, como de Maritain o Teilhard; de Rahner como de Camus o Mounier. Como he tenido ocasión de apuntar alguna vez, muchos hemos lamentado que la Iglesia vasca no haya tenido durante estos tiempos recios, utilizando la expresión ignaciana que tanto le gustaba, a su frente gentes de la categoría moral, solvencia intelectual y sensatez del Padre Tellechea.

Sin esta referencia cristiana algunos no podemos explicarnos nuestra propia formación, lo que posiblemente parezca extraño en un momento de indudable apropiación ideológica reaccionaria del pensamiento religioso, especialmente el católico. Pero la perpectiva cristiana era imprescindible en cualquier análisis del momento. Así Albert Camus dedicó buenos esfuerzos a dialogar con los cristianos de su tiempo, en parte porque reconocía la contribución de los mejores de ellos a la Resistencia, aunque se rebelase intelectualmente frente a lo que consideraba la injusticia de la gracia, y rechazase la prudencia de la política de la Iglesia ante el fascismo.

Si se viene, como hacíamos nosotros desde San Sebastián, antes de Guetaria, en la costa, está Zarauz. El trayecto, en tren, Zarauz-San Sebastián-Zarauz lo hizo durante años José de Arteche, precisamente tío de Tellechea. Tellechea recopiló a la muerte de Arteche los escritos que aparecieron en la prensa sobre Arteche, y volvió, según me decía María Teresa Echenique, a intervenir en la edición que hace un par de años, y con ayuda, que les honra, de las Instituciones Públicas vascas, se preparó de buena parte de la obra de Arteche. Arteche fue bibliotecario de la Diputación Foral de Guipúzcoa, y en su despacho convocaba a significados elementos de la intelligentsia vasca, al menos de la provincia, que dirimían sus disputas, con tanta cordialidad, pues las reuniones proliferaban, como ruido, que nosotros los estudiantes de la sala general aceptábamos con respeto. Arteche es un fino escritor, autor de un libro imprescindible para conocer la problemática vasca, donde, apunta en forma de diario su testimonio sobre los duros tiempos del franquismo. Es admirable este “Diario de un vasco en la posguerra”, que refleja el esfuerzo de un intelectual por cumplir su deber de ciudadano y la tarea de la vocación de escritor en una circunstancia bien difícil.

A estos dos vascos predilectos dirijo mi pensamiento y recuerdo en la tarde estival de la Aste Nagusia. Otro día hablaremos de Bilbao.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios