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El Nobel como medida de desarrollo nacional

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
martes 09 de noviembre de 2010, 19:13h
“If it takes a village to raise a child, then it might be said that it takes a country to raise winners of Nobel Prizes”

Que Don Mario Vargas Llosa haya recibido en 2010 su largamente merecido Premio Nobel de Literatura es sin duda una buena noticia de la que (a excepción de Alberto Fujimori) todo el mundo se habrá alegrado plenamente. Muchos en España, especialmente algunos políticos y demagogos han corrido a darse palmaditas en la espalda a sí mismos, como si la concesión del Nobel de Literatura (el premio más esencialmente individual de todos los Nobel) supusiese algo así como una reivindicación del peso de España en el mundo. Los españoles (y sobre todo nuestros políticos profesionales) somos muy dados a estas interpretaciones tan parciales.

Ha sido también clarificante ver el inmediato esfuerzo de ciertos políticos por echarle el lazo a este galardón cultural de 2010 para hacer ganar puntos a sus siglas políticas concretas. Así, Rosa Díez y los voceros de UPyD (tras criticar en el pasado el apoyo de los artistas de la “zeja” al PSOE y al propio Zapatero) no han dudado en publicitar el apoyo del laureado escritor a su partido político, como si el hecho de que Vargas Llosa apoye sus siglas dotase a su pretendida alternativa política de más o menos valor. Si el peruano-español hubiese ganado el Nobel de Economía, tal vez se podría argumentar el valor de su apoyo al programa económico del partido de Rosa Díez, pero este no es el caso. Vargas Llosa y su obra representan la literatura en castellano (si se quiere ver así) y a él mismo ante todo; y aunque el Sr. Vargas es muy libre de tener su opción política y de apoyarla (faltaría más), Rosa Díez no debería manipular a los españoles a través de la cultura intentando atraer a uno de sus exponentes a sus siglas políticas. Parece pues que el discurso de la “transversalidad” y la “regeneración democrática” de su partido no es más que una nueva versión de la antigua balada del PSOE, lo que explica en buena parte que la mitad de los que estaban en UPyD en 2008 ya se hayan dado de baja a día de hoy, visto lo visto. Parece que esos a los que hace poco se refería Luís de Velasco (el jubilado Secretario de Estado de Comercio en la primera etapa de Felipe González que Rosa Díez presenta como candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid en 2011) como “los 14 o 15 que han abandonado el partido” no son tan solo 14 o 15, si no varios cientos, por poco que a los voceros de UPyD les guste reconocerlo.

Pero centrándonos en las consideraciones al respecto de la concesión del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, y sin menosprecio del valor para el propio receptor y para la literatura en lengua castellana en el mundo, lo cierto es que convendría hacer un repaso sobre los premiados desde que el Nobel se instituyó en 1901 en sus varias categorías, para hacer una llamada de atención a nuestra depauperada sociedad española. Esto nos podría servir para entender el fracaso de ciertas políticas en España y la necesidad de reformar por entero nuestro sistema educativo para empezar a adaptarlo a aquellos campos de interés que son de mayor relevancia en el siglo XXI. Lo que propongo aquí no debe entenderse como un desaire al mundo de la cultura (debate estéril que tanto gusta a los políticos españoles que no quieren que nada cambie), si no como un toque de atención a recomponer el rumbo de nuestra educación y el desarrollo de nuestros jóvenes, si no queremos que España llegue a ser totalmente irrelevante en el siglo XXI. Si partíamos de un punto ya de por sí difícil en 1978, dado nuestro bagaje y déficits internos, lo cierto es que las próximas décadas van a ser todo un test de supervivencia para una España profundamente arruinada y endeudada, moralmente depauperada, tras las dos legislaturas del surrealismo zapateríl en el poder.

Es de sobra sabido que en España, la mayoría de la gente (sobre todo los políticos profesionales) huye de los análisis “como si los cargase el diablo”, pero la verdad es que haríamos bien en copiar el método de trabajo de nuestros vecinos más avanzados para acceder a una visión global a través de un buen análisis, para poder así tomar medidas lógicas y reformar nuestras estructuras, más allá de los cantos de sirena de aquellos que hablan de “regeneración democrática” pero que luego siguen echando mano en exclusiva de los mismos aperos de labranza del pasado. Así, damas y caballeros, poca regeneración política real se puede esperar, y si algo no tenemos para gastar ya es tiempo en este siglo XXI vertiginoso en el que muchos países nos están desbancando de todos los rankings en los que figurábamos como actor relevante.

Y es que verán: desde 1901, es interesante constatar que la inmensa mayoría de los Premios Nobel otorgados a españoles, a latinoamericanos, y a ciudadanos de países del Sur de Europa lo han sido en el campo de Literatura y Paz, y muy pocos lo han sido en áreas tan importantes para el desarrollo futuro como Economía, Medicina, Química, y Física. Estos cuatro campos son los que denotan cuáles son y serán las naciones líderes en el mundo en los ámbitos de desarrollo humano. Los Premios Nobel de Literatura hablan de la obra individual de un escritor, así como los Premios Nobel de la Paz hablan del trabajo personal de un galardonado y de la coyuntura política internacional del momento. Son los Nóbeles de Economía, Medicina, Química, y Física los que denotan un desarrollo tecnológico investigativo de relieve en un país concreto. Son estos premios los que explican la posición de privilegio de ciertos países en el orden internacional del momento, dada la relevancia de la actividad pionera en esos campos que hacen que la economía y la investigación científica de dichos países crezca, y con ella la relevancia de dichos Estados. Son esos países cuyos ciudadanos son galardonados con los Nóbeles de Economía, Medicina, Química, y Física los que tienen mejores índices de empleo, de nivel de vida, de desarrollo tecnológico y de satisfacción general de sus sociedades, algo que en absoluto es relevante a la hora de ver quién ha sido galardonado con el Nobel de Literatura y de la Paz.

Aplicando la lupa a nuestro caso concreto, los españoles que han sido galardonados con el Premio Nobel han sido 8 hasta hora (incluyendo a Vargas Llosa). De ellos, 6 laureados lo han sido en el campo de la Literatura y 2 en el de la Medicina, allá por 1906 y 1959 (algo así como la prehistoria en términos de desarrollo tecnológico-científico actual). Es significativo ver igualmente que en los países del sur de Europa cuyos ciudadanos han recibido el Premio Nobel, la situación es muy similar a la española. Sin contar a los españoles, un total 31 ciudadanos de 7 países del Sur de Europa (Italia, Grecia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Portugal y la extinta Yugoslavia) han sido galardonados a día de hoy. Italia, con 20 Premios Nobel es la reina de la Europa meridional. Además, es importante ver que el 65% de los Premios Nobel italianos lo han sido en los campos de Economía, Medicina, Química, y Física. En el resto del Sur de Europa, de los 11 Premios otorgados por la Real Academia Sueca, 8 lo han sido en el campo de la Literatura y la Paz, con una marginal presencia en los campos de la Medicina y la Química, allá por 1949, 1974 y 1975.

En la misma dinámica, en Latinoamérica se han registrado 19 Premios Nobel otorgados a ciudadanos de 6 países: Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México y Venezuela. De estos Premios, solo el 30% lo fueron en campos como la Medicina y la Química. La inmensa mayoría lo fueron en áreas como la Literatura y la Paz. América Latina no ha registrado nunca aun un Premio Nobel en Física o en Economía. Todo ello no deja de ser indicativo de su situación económica y estratégico-política.

Por el contrario, el mundo anglosajón (muy especialmente) y la Europa del Norte se llevan claramente la corona del palmarés mundial de los Premios Nobel en campos como la Economía, la Química, la Medicina o la Física, sin que ello signifique que su número de Premios Nobel en Literatura o Paz desmerezca en una comparación con otras regiones. Esto es algo que sirve claramente para explicar el por qué de la preponderancia de estas naciones en el concierto internacional actual, debido a su prominente desarrollo económico-tecnológico-intelectual y a la existencia en ellas de sistemas educativos modernos que fomentan entre sus jóvenes el desarrollo económico e industrial, la investigación y la ciencia, dotándoles además de fondos para investigar y desarrollar tecnologías punteras nuevas.

Por ejemplo, en el mundo anglosajón, EE.UU. ha registrado 317 Premios Nobel, junto a los 114 del Reino Unido, los 20 de Canadá, los 10 de Australia y los 3 de Nueva Zelanda. De los 317 Premios Nobel otorgados a ciudadanos de los EE.UU. (las cifras difieren según las fuentes), la inmensa mayoría lo fueron en los campos de Medicina (93), Física (84), Química (62) y Economía (47). Pero no se crean que desmerece el palmarés norteamericano en campos como la Literatura (11) o la Paz (20). Una clara muestra de que el desarrollo tecnológico y científico no tiene por qué ir reñido con el cultural; más bien todo lo contrario. Para no aburrirles con más cifras, les diré que en los casos del Reino Unido, Canadá, Australia, Alemania o la vecina Francia las cifras y categorías de sus Premios Nobel son similares a las de EE.UU. (aunque es el gigante norteamericano el que tiene mayor número de premios con diferencia).

La cita en inglés con la que abría esta columna viene a decir que “si hace falta todo un pueblo para criar a un niño, se podría decir que hace falta todo un país para criar un Premio Nobel”. Es hora pues de que, como españoles, tomemos buena nota de ello para poder exigir de nuestros políticos que dejen a un lado la demagogia, la manipulación y las quimeras ideológicas para asumir la tarea de impulsar el desarrollo educativo, industrial, económico y científico que España se merece. Esta es una obligación que debemos asumir sin reservas para preservar nuestra cultura, para asegurar las oportunidades necesarias a nuestro capital humano, y sobre todo para mejorar la calidad de vida de nuestros hijos en el futuro, en una España preparada para afrontar los desafíos del siglo XXI. Lo demás (y a lo que nos tienen acostumbrados nuestros políticos profesionales) es seguir perdiendo el tiempo, mientras derrochamos irresponsablemente nuestro inmenso potencial como Nación.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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