Mariana Urquijo Reguera

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora

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La caja de los truenos

Empirismos y racionalismos contemporáneos

23-05-2009

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En una conversación de pasillo discutíamos hace unos días sobre qué hacer con las palabras extranjeras cuando las adoptamos al hablar en castellano: ¿las castellanizamos o las mantenemos puras como reliquias de otras tierras?

Con el uso, se nos planteaba la cuestión de si aplicarles o no las reglas ortográficas del castellano. Es decir, lo que dice la RAE una vez que se pronuncia.

Una de las contertulias puso el caso contrario. Cuando en Inglaterra se adoptan palabras prestadas no tienen una RAE que les dicte la norma. La norma es el puro uso, no necesitan que el uso se inscriba en un código y que éste se entrone a base de acatamiento.

Así la conversación voló hacia una discusión sobre las leyes en general. Británicos y castellano parlantes se situaban en los opuestos filosóficos de la modernidad, como posturas paradigmáticos: empiristas y racionalistas.

En la lengua como en todo código de leyes, está, el que enseguida, con tres o cuatro casos quiere construir el concepto, la ley y el código, y en el otro extremo, está el que encuentra la ley en la experiencia siempre particular y renuncia a fijarla: su ley es la casuística, lo concreto.

En España hay una Constitución y multitud de códigos legales. En Inglaterra la justicia se rige por la referencia a otros casos, a otros jueces y a otras sentencias que ya se han dictado, vivido. Rige el "tu como yo, o yo como aquél"

Pero en la justicia como en la lengua esta forma de entender la regulación de las costumbres implica formas muy distintas de entender la vida. No se trata de convenciones azarosas.

Las feministas de todo el mundo ha discutido largamente sobre si ser empiristas o racionalistas. Si empezar no sólo denunciando el patriarcado sino por cambiar la realidad con trabajos concretos, o bien, empezar por cambiar las leyes que a su vez fuercen, previo acatamiento, el cambio de la realidad social.

En España no va mal la cosa y las leyes están ayudando a que cambiemos todos ampliando nuestras libertades, derechos y la igualdad efectiva de oportunidades y posibilidades.

Pero no hay regla ni código que nos permita elegir entre empirismo y racionalismo. Sólo el sabio de Kant pudo sintetizar estas dos posturas en polémica constante, y en cuanto a las leyes, se aproximó a otro gran filósofo, que lejos de ser empirista o racionalista, concluyó en la vejez que lo mejor era tener un corpus legal eterno (que no divino ni religioso), es decir, que no cambiase porque no estaría sujeto a las variaciones de la historia.

Por una vez más, en lo que respecta a la actualidad, seguimos perdidos y no hay filosofía ni paradigma que satisfaga todas las complejas necesidades humanas. Ahora bien, no estaría demás que los políticos españoles se volviesen durante un rato ingleses, adoptaran su irreductible empirismo y, basándose en un precedente cercano, aceptaran como jurisdicción moral política los ejemplos de sus colegas los políticos ingleses. Me explico: que todos aquellos involucrados en casos de corrupción y malversación de fondos, dimitieran como el speaker inglés, evitando así el rebajamiento constante de la dignidad de los políticos. Por bien de la moral, y de la política. Pero podemos esperar sentados a que nuestros políticos miren de verdad a Europa, esa de la que dicen que, "ahora" en un "partido" nos ha convocado a todos a jugar.

En la lengua como en la vida en general, cada pueblo expresa su especial modo de vivir cuando construye formas de vivir en sociedad.



Para contactar con el autor: lacajadelostruenos@yahoo.es




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