
La tarde de ayer viernes, 6 de junio, fue el turno de la escritora Alicia Huerta para encontrarse con los lectores en la tradicional firma que cada año organizan las diferentes casetas durante la Feria del Libro de Madrid. En la caseta de la Librería Muga, y acompañada del escritor Ángel Luis Sucasas – que firmaba su libro Savanna -, así como de los editores de Palabras de Agua, Ana Coto y Juan de Dios Garduño, la escritora madrileña recibió a los numerosos lectores que acudieron a la caseta 191, para dedicarles su tercera novela, Los nombres que jamás serán pronunciados, siguiendo con el éxito que este título está cosechando desde su publicación. Se trata de un intenso thriller que plantea, desde sus primeras páginas, diversas e interesantes intrigas, cuya primera parte se encuentra ambientada en el Madrid de finales de los años 60 y principios de los 70.
La protagonista, Silvia Salgado, una niña de 14 años de procedencia muy humilde, ve cómo cambia de manera abrupta su vida a causa del misterioso secuestro del que es víctima, junto a otra joven que vive en el mismo edificio de la calle Alfonso XII. A pesar de sobrevivir a tan dramática experiencia, Silvia tendrá, a cambio, que regresar a Madrid con un nombre falso. Y guardar un terrible secreto. De este poderoso afán por mantener oculta la identidad de sus secuestradores, así como lo que de verdad ocurrió durante el tiempo que pasó lejos de casa, se aprovecharán, por otra parte, los Servicios Secretos de la época, SECED, para obligar a Silvia a que colabore con ellos en una peligrosa misión. Su vida se irá complicando de nuevo y ya no le quedará más remedio que decidir si es mejor sacar a la luz toda la verdad, poniendo en peligro incluso su propia vida, o verse convertida en cómplice “involuntaria” de algunos de los secretos más oscuros de la etapa final de la dictadura franquista. Unos turbios asuntos de espionaje y de política internacional, entre ellos, los preparativos del atentado que terminó con la vida del almirante Carrero Blanco, a quien Franco había nombrado Presidente del Gobierno unos meses antes.
Será, también, el momento en el que Silvia se vea mezclada en un asunto del que hasta hace pocos años nadie quería hablar en nuestro país: el robo de niños a madres a las que hacían creer que sus hijos habían muerto durante el parto o pocas horas después, para entregarlos, a continuación, a sus nuevas familias. Sólo ahora, gracias a las pruebas de ADN, se ha podido demostrar que esos niños supuestamente fallecidos, de acuerdo con las partidas de defunción que entregaban a sus verdaderos padres, están vivos y han llevado una existencia que no les correspondía, sino que fue decidida por otros. ¿Quién estaba detrás de todo aquello? ¿Se trató de casos aislados o existía una trama perfectamente organizada? El caso concreto de uno de estos niños - que aún hoy siguen buscando a sus verdaderas madres, a través de diversas asociaciones que les facilitan el cruce de ficheros de ADN - será la espita que encienda la particular rebelión de Silvia, una mujer firmemente convencida de que todo el mundo tiene derecho, si quiere, a conocer sus verdaderos orígenes.
Desde su publicación a finales del pasado mes de diciembre, la novela “Los nombres que jamás serán pronunciados” ha llamado la atención de numerosos lectores y acaba de ponerse a la venta su segunda edición. Se trata, sin duda, de uno de los reclamos de esta 73 edición de la tradicional feria de El Retiro, que, como cada año, reúne a editoriales, libreros y, por supuesto, escritores de toda clase de géneros literarios o de ensayo. Es la ocasión ideal para que los lectores puedan encontrarse en persona con sus escritores favoritos o, bien, descubrir autores y títulos nuevos. Huerta ha llegado este año a la FLM14 con el tercero de sus libros, en el que continúa fiel al género de la novela negra, sin abandonar su estilo directo y sin artificios, con unos personajes muy bien perfilados. Y permanece, igualmente fiel a su objetivo de profundizar en los entresijos de los sentimientos humanos, como los amores equivocados o imposibles, el miedo, la culpa y, finalmente, la esperanza, igual que ya hizo en sus dos anteriores títulos,
Delirios de persecución y
Cosas que ocurren aunque Tú no las veas.