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La Sinfonía de los Lamentos

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 14 de noviembre de 2010, 12:11h
Esta semana ha muerto Henryck Gorecki, el compositor polaco de la Sinfonía llamana ¨de las lágrimas¨ o ¨ de las lamentaciones¨ aunque, en realidad, tiene el título menos emotivo de Tercera Sinfonía. Quizás hayan escuchado o leído obituarios que resumen la vida del músico y celebran su obra, que está marcada por la Shoah y la Segunda Guerra Mundial.

Gorecki fue un gran músico que se asomó al abismo y trató de contar con música lo que había visto. La sinfonía Tercera lleva en sus notas muchas voces que suenan en los instrumentos. Con el eje central del sufrimiento de una madre por su hijo, evoca ante nosotros el horror de los ghettos y los campos, las deportaciones, las represalias, la resistencia contra los nazis y las matanzas de polacos. Cuando suenan los primeros compases de esta sinfonía, nos viene a la memoria el exterminio de los gitanos, el dolor de los niños en los experimentos médicos, la espera interminable de la muerte por hambre en una celda o la sombra del cadalso y de la horca. Cada palabra designa una atrocidad tal que el lenguaje verbal se agota. Así, necesitamos la música, la danza el cine o la fotografía.

La Sinfonía dura cincuenta y cinco minutos y tiene tres movimientos lentos. Es que quiera ritmo que se apunte a una academia de sala porque esta sinfonía –bellísima, conmovedora, delicada pero tremenda- esta sinfonía, digo, se adentra en las tinieblas de Europa como si decidiese batallar contra ellas para rescatar la memoria de los muertos. Todo es adagio, nada suena fuerte ni fortísimo, todo va lento. Hay en el fondo de esta pieza un silencio atroz como el que reina hoy en los campos, en las fosas, en los crematorios, en los restos de la cámaras de gas y en las aguas muertas donde arrojaban las cenizas. Gorecki nos toma de la mano y nos lleva a escuchar el llanto de la madre huérfana de hijos mientras recorre con nosotros las celdas de Auschwitz I en las que los presos eran condenados a morir de hambre y el paredón de fusilamiento donde ahora se depositan flores. He visto fotos aterradoras que no muestran nada de estos no sólo arboledas que se levantan junto a las fosas Tal vez la fotografía, como la música, deban contribuir a contar un espanto que no puede ser narrado. Así, contamos, cantamos o sacamos fotos sabiendo que el terror es inabarcable pero también que si no lo hiciésemos nos estallaría en el pecho.

Esta sinfonía necesitan el metal (cuatro trompas y otros cuatro trombones) y la madera (flautas, clarinetes, fagotes y contrafagotes), usted escuchará sobre todo la cuerda, el piano, y la voz de uan soprano que canta la inscripción que Wanda B?a?usiakówna, una joven polaca de dieciocho años detenida por la Gestapo hizo en su celda de la prisión de Zakopane. Oh madre, no llores, La Reina Inmaculada del Cielo me sostiene siempre. Junto a este texto, en la Sinfonía se canta otro tomado de una vieja canción polaca en que la Virgen María le dice al Crucificado: Oh, hijo mío amado y predilecto, comparte Tus heridas con Tu madre

La voz de la soprano rasga el silencio y desde aquí se eleva como una oración de difuntos, como un túmulo erigido en el aire que recuerda este dolor. Esta Sinfonía de madres que lloran, de hijos que lloran en un mundo en llamas presenta ante nosotros el enigma universal de la muerte y la injusticia. En sus notas, no hay deseos de venganza ni gritos de guerra sino una madre que busca a sus hijos muertos para acogerlos en sus brazos. No es un Dies irae sino la contemplación de la pena honda, infinita, insondable.

El gitano se arranca el quejío y lo arroja al aire porque le brota y, si no saliese lo mataría. Entonces lo saca pero cuando sale nos hiera a todos un poco porque en él estamos todos aunque el sufrimiento, el dolor y la muerte sean personales como la soledad y el miedo. Hay algo de quejío en esta obra que, de algún modo, bastaría para justificar toda la obra de Gorecki si ello fuese preciso.

Con esta sinfonía, el compositor deseó hacer una obra universal, no un recuerdo de Auschwitz en concreto. En realidad, siempre quiso escribir algo específico para Auschwitz pero esta parte de su obra quedó inconclusa. Tal vez todo lo que se escriba sobre Auschwitz, todas las fotografías que se tomen o todos los cuadros que se pinten sean insuficientes para describir y recordar el infierno. Quizás sólo podamos traer a la memoria y luchar para que nunca más repita con nadie en ningún lugar nada semejante. Quién sabe; quizás el silencio de los campos sólo puedan romperlo las oraciones y los lamentos callados. En el Bloque Judío de Auschwitz I suena el Kaddish. A Gorecki le debemos que haya llevado las lágrimas y los lamentos universales a una sinfonía.

Descanse en paz.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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