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del 25 de mayo al 6 de septiembre
Los "quinquis de los 80" invaden el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona
El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona presenta, del 25 de mayo al 6 de septiembre de 2009, la exposición «Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle», comisariada por Amanda Cuesta y Mery Cuesta. El punto de partida de la exposición «Quinquis de los 80» es la figura del quinqui acuñada por el cine de delincuencia juvenil que vivió su momento de apogeo en la España de entre 1978 y 1985.
La popularidad del cine quinqui está muy ligado a la prensa sensacionalista de la época, pero también actúa como reflejo fiel de las transformaciones urbanísticas, sociales, políticas y económicas que azotaron al país en aquel periodo. Los códigos de representación de la delincuencia juvenil del cine quinqui han pervivido hasta la actualidad de tal modo que el estereotipo del quinqui, sometido a un proceso de estetización, sigue hoy en día ejerciendo una fascinación desatada. El grueso de los elementos expositivos de «Quinquis de los 80» estará básicamente constituido por montajes audiovisuales de estas películas acompañados por material contextualizador muy variado: documentales de época, recortes de prensa, fotografías, cómics, vinilos, cassettes, objetos originales, pósters, fotocromos, planos urbanísticos, etc. El cine, los polígonos, los recreativos y la droga Tras la pantalla de cine, encontramos la realidad en los barrios, territorio germinativo del quinqui. Ante el ingente déficit de vivienda barata, durante los años sesenta se pusieron en marcha los planes de urgencia social. El objetivo era absorber el mayor número de chabolistas en el menor tiempo posible y al coste más bajo. El resultado fue un urbanismo de pésima calidad, con unos barrios mal comunicados que carecían de los servicios más básicos, como alcantarillado, escuelas o ambulatorios.
Detención, reformatorio y fuga. Este periplo del delincuente juvenil es difundido al detalle, día a día, por la prensa sensacionalista y de sucesos del momento. El abrumador protagonismo que el delincuente recibe es clave en la posterior iconización de su figura. El Vaquilla y El Jaro (y sus genealogías) son las dos estrellas más brillantes y con mayor potencial mediático del universo de nombres propios de la delincuencia juvenil de los ochenta. Ganchos irresistibles para la prensa, héroes de la marginalidad para la calle, quedarán fijados para siempre en el imaginario popular gracias a los biopics cinematográficos que darían testimonio de sus andanzas: Navajeros, la saga Perros Callejeros y Yo, El Vaquilla, grupo de películas que conforma la médula del cine quinqui.
La exposición parte del llamado popularmente “cine quinqui”, un género que aún no ha sido bautizado de manera alguna desde el entorno académico, el recorrido arranca desde la recreación de una sala de cine de los ochenta.

En la muestra también reconstruye una sala de recreativos. Los recreativos, territorio omnipresente en este género cinematográfico, apuntan el surgimiento de una nueva cultura y unas nuevas formas de ocio que conectan, por primera vez en nuestro país, a aquella generación de jóvenes de los setenta con la industria de la cultura juvenil en su contexto internacional, en relación a la moda, los videojuegos y demás formas de consumo capitalista. A través de fragmentos extraídos del cine, este ámbito esboza los elementos de evasión fundamentales en el vivir y sentir adolescente: los colegas, el sexo y las drogas.
La delincuencia juvenil tenía aterrorizados tanto a los policías como al ciudadano de a pie. Parecían estar locos, atacaban como movidos por la venganza y no dudaban en disparar, en clavar un navajazo o en conducir con una temeridad inusitada. Muchos de estos delincuentes eran drogadictos y robaban bajo los efectos del mono para obtener la dosis que necesitaban consumir a diario. La heroína fue una auténtica pandemia, como ilustran las portadas de diferentes publicaciones de entre los setenta y ochenta. El delincuente juvenil se convirtió en el enemigo público número uno. La imagen del delincuente queda definitivamente fijada en el imaginario popular gracias a la detención del Vaquilla retransmitida en directo por TV3.

Del reformatorio al mito
A la obsolescencia de las instalaciones carcelarias, había que sumar los problemas derivados de la superpoblación y la escasez de recursos. La herencia franquista dejaba un sistema fuertemente basado en la versión más represiva y punitiva. La situación estalló en 1977, cuando miles de reclusos tomaron los tejados de las prisiones en todo el país. Este movimiento desembocó en la creación de la COPEL (Coordinadora de Presos Españoles en Lucha). Sus reivindicaciones consistían en la abolición de la legislación represiva y de las instituciones penitenciarias franquistas, pasando por la reforma del código penal, la depuración de los funcionarios fascistas, o la construcción de nuevas cárceles más habitables. Durante los años sucesivos, los motines, las huelgas de hambre, las fugas y las autolesiones estuvieron a la orden del día. Esta sala ofrece testimonios fotográficos de estas cadenas de motines, así como una muestra de las publicaciones que los propios presos elaboraban dentro de la prisión.
Paralelamente, se presenta una pequeña exposición del artista vasco Roberto Francisco Cuesta. Es una serie inédita de 22 fotografías que muestra el aspecto del interior de las celdas de la prisión de Carabanchel inmediatamente después de su desalojo en 1999.
Este último ámbito aborda los efectos que el fenómeno quinqui produce tras su periodo de auge en la calle, en la prensa y en el cine. Por un lado, no se puede obviar el hecho de que la mayoría de las personas que lo protagonizaron, tanto en la ficción como en la realidad, tuvieron un final trágico. Además de esta información, se dispone una vitrina con las biografías de ex convictos, todo un subgénero literario que conforma un testimonio indeleble de las vivencias en la cárcel.
El quinqui de los ochenta sigue siendo un icono en las representaciones de la delincuencia juvenil y de la vida marginal producidas en la actualidad. Los foros y las producciones audiovisuales que los fans del «cine quinqui» ponen en circulación asiduamente en Internet dejan patente que el mito hoy vuela libre.





