David Felipe Arranz

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David Felipe Arranz es filólogo, periodista y profesor asociado de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid. Es director de "El Marcapáginas" de Radio Inter.

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Los secretos de la Bibliotheca Artis

28-10-2010

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“Cuenta Estrabón en el décimo cuarto de su Geographia que había en esta pintura de Protógenes, llamada Lalysus, un sátiro junto a una columna y encima de la columna unas perdices, de las cuales se admiró tanto el pueblo que menospreciaron el sátiro, aunque estaba maravillosa y perfectísimamente pintado. Aumentó la admiración de las perdices la diligencia de los cazadores, llevando allí perdices vivas de reclamo, las cuales puestas enfrente de las pintadas, súbito cantaban a la vista de las pintadas”. Este encantador fragmento, que explica el arraigo en el Renacimiento de la teoría artística de la mímesis —formulada por Platón en La República y Aristóteles en la Poética—, puede leerse a través de las vitrinas en el Comentario de la pintura y pintores antiguos (1560), del cortesano coleccionista Felipe de Guevara, uno de los libros abiertos —copia manuscrita de 1787— rescatado de los anaqueles custodiados en el Casón del Buen Retiro y expuesto al público en la muestra Bibliotheca Artis, del Museo del Prado, hasta el 30 de enero.

Cuarenta volúmenes, fechados aproximadamente entre 1500 y 1750, acompañados de ocho cuadros de la colección —entre los que se encuentran algunas joyas pintadas por Tiziano, Velázquez y El Greco—, dan cuenta de la importancia de la bibliografía artística europea y de la difusión de las ideas renacentistas en Europa. Entre las últimas adquisiciones se encuentra la biblioteca de la familia Madrazo, a la que pertenecía el libro con el que hemos encabezado nuestro artículo, la novedosa gema de esta muestra a la que acompañan un folleto único escrito por el suegro y maestro de Velázquez, Francisco Pacheco, perteneciente al Arte de la pintura (1649), con anotaciones manuscritas del propio autor; los Discursos practicables, del aragonés Jusepe Martínez; o el Museo pictórico de Palomino. ¡Hasta el mismo Velázquez recurría para sus modelos pictóricos a ediciones ilustradas de la época como las Metamorfosis de Ovidio!

La sala se encuentra jalonada de joyas pertenecientes al género de las vidas de artistas, representado por la obra de Giorgio Vasari —que dio origen a la historia del arte como disciplina autónoma—, o los tratados más específicos sobre la perspectiva y la geometría de Daniele Barbaro o Alberto Durero. El conocimiento de la historia y de la mitología grecolatina de la que hacían gala los primeros teóricos resultaba esencial para el despliegue de sus propuestas académicas, como el caso de Joachim Von Sandrart, que en su Academia del nobilísimo arte de la pintura (1683), muestra al pintor Zeuxis seleccionando las partes más hermosas de cinco doncellas de Crotona para pintar a Helena de Troya.

El humilde platero Juan de Arfe y Villafañe también se atrevió con la escritura y nos legó un delicioso tratado publicado en 1587, De varia commensuración, donde indaga en la cuestión de la medida, las relaciones numéricas y las proporciones que gobiernan la naturaleza, en especial la de la naturaleza humana, “la más perfecta realización de la armonía matemática del mundo”. No pensemos que este formidable ejercicio de la traslación del lienzo al libro impreso de las técnicas y la filosofía del arte trocaba un mínimo su suerte, porque nuestros artistas eran considerados meros artesanos, sujetos al pago de una serie de impuestos, siempre supeditados a una peyorativa condición social.

Nos parece obligado el paseo por el Museo del Prado para ojear estas primeras reflexiones sobre el hecho artístico, a manera de personal homenaje a ese esfuerzo. Desde que la autobiografía de Benvenuto Cellini se convirtió en uno de los libros pictóricos y de aventuras más apasionantes de todos los tiempos —“Todos los hombres de cualquier condición que hayan realizado algo ejemplar, o que se asemeje a la virtud, deberían escribir su vida con su propia mano”—, genios de la pintura como Salvador Dalí, Amedeo Modigliani, Jean Dubuffet, Wassily Kandinsky, Josef Albers, Mark Rothko, entre otros, han explorado las lindes de la escritura y de la pintura con los resultados conocidos: libros abiertos a todo el mundo, como los que escribió José García Hidalgo y que mostraban los principios para estudiar “el nobilísimo y real” arte de la pintura y que contiene la única representación conocida de una clase de desnudo en la España del Siglo de Oro.

Maravilla el grabado que contiene Architecture (1648), de Philibert de L’Orme, sobre el mal arquitecto, que carece de ojos, orejas y manos y que se encamina en un día tormentoso hacia una fortaleza gótica, completamente ajeno a la preceptiva clásica. Se me ocurren muchas analogías con el ámbito político, pero eso lo vamos a dejar para otro día: mientras los candidatos tratan de engañarnos, vociferantes en la carrera electoral, no falten a la cita con los padres de las bellas artes: igual los localizan representados en Los emblemas de Alciato bajo las especies alegóricas de la Avaricia, la Ambición o la Soberbia.







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