David Felipe Arranz

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David Felipe Arranz es filólogo, periodista y profesor asociado de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid. Es director de "El Marcapáginas" de Radio Inter.

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Luis Revenga revive el proceso a fray Luis de León

02-02-2011

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Es uno de los artífices culturales más singulares que conocemos. Escritor, dramaturgo, cineasta, editor, crítico fotográfico, director de publicaciones, … el toledano Luis Revenga ha tocado todos los palos de Minerva y sin temor a equivocarnos no dudamos en asignarle la categoría de hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI. Entre sus largometrajes, ejercicios creativos que alcanzan la categoría de verdaderos ensayos en imágenes, destacan Crisis mortal (La sombra del girasol, 1970), Mañana en la mañana (1972) y Caperucita y Roja (1977) —a caballo entre Lope y Perrault, según su autor—, películas sumamente interesantes y difíciles de ver hoy en día por los problemas de distribución que tuvieron debido, sobre todo, a la acción de la censura.

Su última incursión en las tablas, Don Quijote y Falstaff (2009), situó frente a frente a dos colosos de las letras universales, Cervantes y Shakespeare, en un combate dialéctico del que Revenga —“¡El autor! ¡El autor!”— salió más que bien parado y que supo a poco: la riqueza y dominio del lenguaje del Manco de Lepanto y del genio de Avon dominaron la ágil y perspicaz contraposición de caracteres. Ahora le ha tocado el turno a fray Luis de León en un drama que ha recorrido algunos de los espacios teatrales del Ayuntamiento de Madrid (Moncloa y Aravaca) los meses de noviembre, diciembre y enero y se representará en la Universidad de Salamanca, escenario histórico del docente místico denunciado por la Inquisición, a partir del próximo marzo.

Los hechos que recoge el Proceso a fray Luis de León son sobradamente conocidos, especialmente por su significación. El dos de diciembre de 1571, fray Luis fue denunciado ante la Suprema. Empezó la instrucción del proceso el comisario del Santo Oficio en Salamanca, Francisco Sancho, amigo personal de fray Luis. El 13 de ese mismo mes, prestó declaración el dominico Bartolomé Medina, quien dijo haber leído el Cantar de los cantares puesto en romance y añadió que fray Luis y los maestros Grajal y Martínez quitaban siempre autoridad a la Vulgata “en sus pareceres y disputas”. En febrero de 1572 declaró que “había en la Universidad mucho apego a las cosas nuevas y poco a la antigüedad de la religión de Cristo”; finalmente, el 19 de marzo se acordó en Valladolid auto de prisión contra fray Luis y sus amigos hebraístas y el 5 de mayo, la acusación fiscal del licenciado Diego de Hacedo pidió y suplicó que “le condenen en dichas penas y las manden ejecutar en su persona, libros y papeles para que al reo sea castigo y a otros ejemplo. Y si es necesario pido sea puesto en trance de tormento, hasta que enteramente diga verdad”.

El agustino respondió punto por punto a las acusaciones, basándose para su defensa en su amplio conocimiento de las leyes. Explicó cómo pensaba verdaderamente que podía hacerse otra edición mejor y más perfecta que la Vulgata, eliminando oscuridades y, por supuesto, bajo la supervisión de la Iglesia; que el sentido que dio Vatablo al tercer salmo era ortodoxo; que nunca dijo ni leyó que en el Viejo Testamento no hubiese promesa de vida eterna; que el Concilio no definía que fuesen de fe todas las palabras latinas y no podía admitirse como dictada por el Espíritu Santo una obra literaria, aun a trueque de su exacta interpretación literal…; y así rebatió cada una de las acusaciones sobre él vertidas, con tanta sañuda envidia por su enemigos. Fray Luis creía, al igual que San Pablo, que la letra mata y el espíritu vivifica.

La actualidad del proceso a fray Luis y sus connotaciones políticas son evidentes. Alegoría viva del afán que el Poder posee en todo tiempo de acallar las voces heterodoxas que no se ajusten a la letra de sus designios, la pieza exquisita de Revenga es una oportunidad de oro para comprender el esfuerzo empleado por jerarcas y mandatarios, terrenales o celestiales, por reducir y dominar la disidencia. El largo proceso, refutación de testigos incluida, duró cuatro años y nueve meses, tras el cual, la absolución no fue absoluta: se le incautó la versión castellana de El Cantar de los cantares, se le recomendó que no guardase rencor a sus jueces y acusadores y, por fin, fue puesto en libertad el 7 de diciembre de 1576, tras negársele en muchas ocasiones la defensa.

Revenga recurre al vídeo —con homenajes a la Juana de Arco de Dreyer— y a la música —canto polifónico rescatado del archivo de la fundación Joaquín Díaz—, creando una atmósfera unitaria donde la transición se produce con absoluta naturalidad. Ángel Solo lleva a cabo una composición extraordinaria y desnuda el lado más humano de fray Luis de León, desempolvándolo de los anaqueles de los colegios y las facultades de filología. Completan el reparto Tomás Repila como el inquisidor, Mayte Troitiño en la piel de la monja andariega amiga de Teresa de Ávila y Enrique Muñoz en el doble papel de fray Marcelo y el joven morisco que comparte celda con fray Luis.

Querrás hundille, y crece
mayor que de primero; y si porfía
la lucha, más florece,
y firme al suelo envía
al que por vencedor ya se tenía.

En definitiva, la obra de Luis Revenga recupera una batalla eterna, la sangrienta guerra derivada de la represión contra la inteligencia, la malicia del oyente que viste las palabras de los maestros y “las echa a rodar” para su beneficio. Recobra Revenga, en definitiva, la cada vez más necesaria voz contestataria del intelectual en un mundo monocorde que apenas se cuestiona ya nada.







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