CRITICA DE CINE
[red]Crítica de cine:[/red] Albert Nobbs, a la medida de Glenn Close, a la medida de Glenn Close
sábado 28 de enero de 2012, 14:16h
Con tres candidaturas a los Oscar, la cinta Albert Nobbs, estrenada este fin de semana, es fundamentalmente un producto de lucimiento para su protagonista principal, la versátil y veterana actriz Glenn Close.
Se trata precisamente de una apuesta personal de la actriz norteamericana, fascinada por el más que extraño personaje de Albert Nobbs desde que en 1982 protagonizará la obra teatral homónima basada en un relato corto de George Moore. Tres décadas después, Gleen Close no sólo se mete de nuevo en un papel que, por el momento, ya le ha valido la codiciada nominación al Oscar en la categoría de Mejor Actriz, sino que ha ejercido de coguionista y también de productora de todo el proyecto. A las órdenes o, quizás tan sólo bajo la supervisión, del director colombiano Rodrigo García, Close da vida a un personaje tremendamente peculiar y no sólo por tratarse de una mujer que lleva años escondiendo tal condición bajo la apariencia de un formal camarero de hotel. Lo cierto es que Nobbs sería igual de raro aunque se tratara de un hombre vestido de tal, con una personalidad ensimismada hasta la obsesión en el sueño de conseguir un negocio propio, para lo que guarda celosamente cada chelín que recibe de propina bajo un tablón del suelo de su habitación después de anotarlo en su libreta. Parco en palabras, carente de expresión y ajeno a los sentimientos que mantiene completamente a raya, tanto autocontrol se viene abajo cuando conoce a otra mujer que, como él, ha elegido darse a conocer como hombre para poder tener un trabajo digno que le permita ganar lo que como mujer no podría.
Claro, que esta no es la única razón para que Nobbs sea Albert y no Alberta. Hija ilegitima, la mujer que la ha cuidado desde niña nunca le revela su verdadera identidad y cuando muere, Nobbs sufre una violación a los 14 años. Su escondite le vale para que ningún hombre pueda volver a molestarla. A diferencia de Nobbs, Hubert Page no se ha escondido de la vida. Su forma de ser directa, emprendedora y apasionada le ha llevado a casarse y a ejercer con independencia un oficio, el de pintor de “brocha gorda”. Y desde que Nobbs conoce a Page, empieza a imaginar para su vida cosas que antes ni siquiera le preocupaban, como la posibilidad de contraer matrimonio. Sin embargo, la posibilidad, la mera ilusión que empieza a vislumbrar no significa, en ningún caso, el nacimiento de un verdadero sentimiento que, en realidad, parece ajeno a la ingenua y fría forma de ser de Nobbs. Cambian sus anhelos sólo porque envidia la realidad de Page, pero su rostro continúa carente de expresión y el personaje es tan de piedra que acaba por lastrar incluso a la interpretación de quien intenta darle vida. De modo que la gran actriz de Connecticut acaba por parecer, ella también, anodina y repetitiva, exageradamente previsible, dejando la pasión y la fuerza de la historia en manos de la actriz británica Janet McTeer, que eclipsa a Close con su interpretación de un Mr. Page lleno de vida, independiente y siempre práctico a pesar de las adversidades.
Una fotografía impecable acompaña a una conseguida ambientación de la historia en el Dublín de finales del siglo XIX, difícil época en la que se sitúa la acción; y en cuanto al resto del reparto, destaca especialmente Mia Wasikowska, la joven actriz a la que conocimos con su interpretación de Alicia en la última versión cinematográfica del popular personaje de cuento. En esta ocasión, Wasikowska da vida a la doncella que trabaja en el mismo hotel que Nobbs y en quien él-ella pone sus ojos para proponerle matrimonio y cerrar el círculo de ese sueño que se completa con un local para abrir un estanco. Nobbs pasa las horas soñando despierto, mientras que la elegida para acompañarle en él inicia una relación sin futuro con otro de los empleados, que acaba de llegar, y que será el otro eje del triángulo amoroso y materialista que protagoniza un guión lineal y, a la postre, aburrido, con un final que no hace más que recordar que las películas no son sólo, por mucho que se empeñen a veces en la industria del cine, la interpretación de los actores, sin ofrecer nada más.