opinión

Publicado el Martes, 21 de febrero de 2012
AL AIRE LIBRE
DE SANTANA A NADAL

En el año 2004, cuando Rafael Nadal estaba empezando, publiqué en el diario La Razón una "Canela Fina" que reproduzco a continuación íntegramente, sin modificar una coma:

En los años cincuenta, los aficionados al tenis en Madrid no pasábamos de dos centenares. Nos conocíamos todos. Eran los tiempos de Olózaga, Fleitchner, los Couder, Maqua, Gallardo, Emilio de la Torriente, Trapiella, Ayuso, Lizarriturri, Antonio Sánchez Prieto, Pilar Barril, Rosina Alarcón, Nori Argüelles, Carmen Hernández Coronado, Ana María Estalella… Y llegó Santana. Le vi recoger bolas en el Tenis Velázquez, ya desaparecido. Le vi también esgrimir su primera raqueta, entrenarse como un tigre en el frontón de aquel club. He hecho de juez de silla en algunos de los partidos iniciales que le condujeron al estrellato en España. Antes de Santana, nuestro tenis -Alonso, Gomar, Lily Álvarez, Massip, Bartrolí- no pasaba internacionalmente de discreto. Con el jugador madrileño llegó a la cumbre: Wimbledon, el abierto de Estados Unidos (antes Forest Hills), dos veces Roland Garros, dos veces finalista en la Davis. Como ha dicho el periodista que más sabe de este deporte en nuestro país, Manuel Adrio, Santana es el tenis en España. Él lo popularizó, él abrió el camino para los que vinieron después.

Que son muchos: Gimeno, que ganó Roland Garros; Orantes, Forest Hills; Bruguera, dos veces Roland Garros; Corretja, vencedor en el Masters y en la Copa Davis; Moyá, Roland Garros y número uno ATP; Ferrero, Roland Garros, Copa Davis y número uno ATP; y tantos otros, sin olvidar a la fiera de mi niña, Arancha Sánchez Vicario, abierto de Estados Unidos, tres veces Roland Garros, Premio Príncipe de Asturias del Deporte; y Conchita Martínez que venció en Wimbledon, toisón de oro de los concursos tenísticos y una de las pruebas deportivas más difíciles del mundo.

Entre tantos y tantos tenistas españoles, ciertamente extraordinarios, quiero decir que solo he visto a uno comparable a Santana. Se llama Rafael Nadal y acaba de ganar la Copa Davis, junto a Ferrero, Robredo y un gran Moyá. No sé si mantendrá ese juego fulgurante y conseguirá vencer en los torneos del gran slam. Santana jugaba de otra manera, con menos potencia y más versatilidad, pero Nadal no le va a la zaga en calidad de juego, en instinto matador, en genio de campeón. Puede ser solo una estrella fugaz. Pero es una estrella y ojalá se consolide en el firmamento de este deporte galáctico que es el tenis.

Hasta aquí lo publicado en el año 2004. Para bien del deporte español me alegra no haberme equivocado. Los viejos aficionados al tenis, los que jugábamos cuando muy pocos lo hacían, nos regocijamos hoy al ver que el campeón de Wimbledon y Roland Garros, es ya medalla de oro en los Juegos Olímpicos y número uno del mundo.


Luis María ANSON
de la Real Academia Española

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