Para los Juegos Olímpicos de 2016, Río de Janeiro usará como tarjeta de presentación todos los reclamos turísticos de la emblemática ciudad brasileña, como el mítico Maracaná, la playa de Copacabana o el popular sambódromo. La candidatura ha presentado el proyecto más caro de entre las cuatro aspirantes, acorde con las necesidades de desarrollo del país y con el tamaño de esta gran urbe brasileña que supera los seis millones de habitantes.

La capital brasileña
Río de Janeiro ha presentado una candidatura que explotará los
iconos turísticos para albergar todas las disciplinas de unos Juegos Olímpicos. Su propuesta destaca porque se ha confirmado como
la más cara de las cuatro finalistas. La onerosa
factura asciende a 13.920 millones de dólares, a precios contables de 2008, de los cuales un 72% corresponde al presupuesto destinado a acometer las numerosas obras de infraestructura necesarias, incluyendo las costosas reformas del aeropuerto y el metro.
La candidatura carioca ha presentado garantías plenas para pagar el alto precio de los Juegos, que han sido asumidas a partes iguales por el Gobierno central, el regional y el Ayuntamiento de Río.
El presupuesto operacional suma 2.820 millones de dólares y será financiado en parte por el COI (31%), patrocinadores (20%) y venta de entradas (14,4%), porcentaje que equivale a apenas 406 millones de dólares, los menores ingresos en taquilla de entre las cuatro propuestas.
Pero Río de Janeiro cuenta con una ventaja con respecto a los otros candidatos, ha albergado otro evento masivo de competiciones deportivas,
los Juegos Panamericanos en el año 2007. Esta competición es la principal carta de presentación y el as en la manga de la candidatura de la ciudad brasileña para ser sede de los Olímpicos de 2016.
Tanto el presidente Luiz Inácio
Lula da Silva como el
Comité Olímpico Brasileño (COB), aseguran que los Panamericanos demostraron que la ciudad es capaz de organizar, con total éxito y seguridad, un evento polideportivo internacional de gran magnitud.

Según las autoridades brasileñas, la exitosa realización de los Panamericanos permitió responder todas las
dudas, especialmente de
seguridad, capacidad y organización, que le impidieron a Río de Janeiro llegar como finalista en la elección de la sede de los Olímpicos de 2008 y 2012, en las que también fue candidata.
Los Panamericanos, en los que
5.662 atletas de 42 países disputaron 35 modalidades deportivas, costaron cerca de 3.500 millones de reales (unos 1.800 millones de dólares) y atrajeron a cerca de
700.000 turistas en los 16 días de competiciones, en los que Río de Janeiro registró sus
menores tasas de criminalidad y de embotellamientos en varios años.
Los "
mejores Juegos Panamericanos de la historia", en opinión de la
Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), demostraron que Río de Janeiro puede garantizar seguridad, alojamiento, transporte e infraestructura adecuada para una competición con las características de unos Olímpicos, alega el COB.
Los
Panamericanos de 2007, además, pavimentaron gran parte del camino necesario para organizar unos Olímpicos debido a que dotaron a Río de Janeiro de
más de la mitad de los escenarios deportivos exigidos por el Comité Olímpico Internacional (COI), como el estadio, el velódromo, el parque acuático y la arena.
Además, cuenta con uno de los gobernantes más carismáticos del planeta, uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos y un multimillonario con una fortuna al servicio de la carrera olímpica.
Lula da Silva, "Pele" y el magnate brasileño
Eike Batista son los tres valedores principales que empujan a Rio para alcanzar su sueño de organizar los Juegos de 2016.

En cuanto a las
instalaciones que albergarán las competiciones, Río de Janeiro encabeza la relación de sedes con el
estadio de Maracaná, que entró en la leyenda en 1950, el año de su inauguración, cuando Uruguay arrebató la final del Mundial a los brasileños ante unos
174.000 espectadores que abarrotaban el entonces mayor estadio del mundo. Pero el coliseo futbolístico será muy diferente en 2016, ya que su capacidad se verá reducida a
90.000 asientos, para cumplir todas las exigencias de confort y seguridad que pide la FIFA para permitir que vuelva a albergar una final de un Mundial, la del 2014.
Junto al Maracaná, su hermano menor, el
pabellón Maracanazinho, recibirá el
voleibol, completando una de las cuatro zonas en las que se dividirán los Juegos.
En la distante área de
Barra de Tijuca se ubicará el corazón de los Juegos, con la
Villa Olímpica y el
Parque Olímpico, que cuenta con las instalaciones en las que se disputará la
mitad de las pruebas, incluyendo gimnasia, baloncesto, natación, tenis, halterofilia y ciclismo, algunas de las cuales ya se utilizaron en los Panamericanos.
El
parque acuático María Lenk, con 12.000 asientos, recibirá el
waterpolo y el también "panamericano"
pabellón Arena Olímpica, la gimnasia, mientras que el
Riocentro, mayor centro de convenciones de América Latina, se adaptará para celebrar pruebas de
cinco modalidades diferentes.
En esa región también se encontrará un
centro de entrenamiento de alto rendimiento, que se considera como la joya del proyecto olímpico de Río por el legado que dejará para el país. Este centro ocupará el espacio del
principal pabellón de natación, cuya piscina estará rodeada de gradas temporales con 18.000 asientos, que se desmontarán después de los Juegos para dar espacio a las instalaciones de alto rendimiento.

El legado deportivo también se extenderá al núcleo de
Marechal Deodoro, el más apartado de todos, a unos 50 kilómetros del centro de la ciudad, donde se realizarán pruebas de
hípica, tiro, bicicleta de montaña y piragüismo, y después de los Juegos se convertirá en un parque de deportes de aventura.
En la
zona más turística de Río se intentará aprovechar al máximo las bellezas de la ciudad, con las competencias de
voleibol playa en las arenas de Copacabana y de
vela en la bahía de Guanabara, al abrigo del célebre cerro del Pan de Azúcar.
Las
regatas se realizarán por primera vez en unos Juegos
en el centro urbano, en la bella
laguna Rodrigo de Freitas, situada junto a la
playa de Ipanema y a los pies del imponente cerro del
Corcovado, coronado por la estatua del
Cristo Redentor, icono indiscutible de Río y de todo Brasil.
Todo el
litoral carioca será aprovechado para disputar las pruebas de
ciclismo en ruta y las carreras de larga distancia, incluyendo el
maratón, que
concluirá en el sambódromo, la celebérrima avenida flanqueada de gradas que cada año hierve con los deslumbrantes desfiles de las "escolas" de samba del carnaval.