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Crónica económica
En la muerte de Steve Jobs
Ha muerto Steve Jobs. “La muerte es, probablemente, la mayor invención de la vida”, aseguró el genio de la tecnología. La muerte es, además, una ocasión para revisar la vida.
Ha muerto Steve Jobs. Para cuando le llegan estas palabras ha oído la noticia varias veces. La razón es que la muerte es una ocasión que exige la revisión de la vida. Jobs, que probablemente no fuera un ávido lector de la poesía moral de Francisco de Quevedo, conocía bien la íntima relación entre la vida y la muerte. Aunque en el caso de Jobs, éste le dio esa vis práctica tan característica de la civilización estadounidense. “La muerte es, probablemente, la mayor invención de la vida”. En el mismo discurso, y de nuevo sin recordar los excelsos versos de Jorge Manrique, Jobs hablaba de la muerte, que con callada ley todo lo iguala. Esa ley hay que recordarla todos los días. Decía que cada día pensaba en qué hacer como si fuera el último. Y si llevaba varios días con la sensación de no querer despedirse así, intentaba cambiar algo para mejorar su vida. En el mismo orden de cosas, decía que el trabajo bien hecho es fruto del amor, de lo que se hace con amor. Y, por último, invitaba a que cada uno se deje guiar por su intuición para encontrar qué es lo que ama hacer y poder hacerlo bien. Sus palabras, pronunciadas en un famoso discurso de graduación de la Universidad de Stanford, suenan auténticas pronunciadas por él. No eran consideraciones generales, sino enseñanzas que él extrajo de su propia vida, y que desgranó contando tres historias personales. Jobs fue cedido en adopción por su madre a una familia en la que los padres eran ambos universitarios. Pero éstos acabaron rechazándole porque querían una niña. Luego encontró otros padres que no habían ido a la universidad, pero convencieron a la madre biológica asegurándole que Steve cursaría estudios superiores. A los seis meses de matricularse le embargó la sensación de que estaba consumiendo los ahorros de sus padres sin sacarle provecho. Pero era inquieto y se unió a Steve Wozniak en 1976 para trabajar, desde un garaje, en la creación de un proyecto tecnológico. Tenía 21 años. No esperó a que le explicasen lo que necesitaba saber. Él se formó por su cuenta. De ese esfuerzo común surgió una empresa llamada Apple porque a Jobs le gustaba la música de los Beatles. Juntos crearon el primer ordenador personal. Su Apple II fue un éxito comercial. Falló en los dos siguientes modelos, pero no con el primer Macintosh, cuyo sistema operativo, basado en las ventanas, fijó el estándar para el resto de sistemas operativos. En 1983 Jobs se acercó a John Sculley, ejecutivo de PepsiCo, para atraerlo a su compañía y ayudarle en la rama financiera. Sculley no estaba muy convencido. Apple había comenzado a tener éxito pero era más una promesa que otra cosa. Jobs, entonces, le preguntó si quería gastar su vida vendiendo agua azucarada o prefería cambiar el mundo. Sculley no lo dudó. Pero lo interesante de esta anécdota es cuál era el planteamiento de entonces de Steve Jobs: quería hacer un mundo mejor gracias a su lema de unir el arte y la tecnología. También es interesante que sólo dos años después Jobs chocó con Sculley y toda la empresa se puso detrás del recién llegado. Echaron a Jobs de la dirección de la empresa. Él vendió todas sus acciones menos una y se vio en la necesidad de replantearse su vida. Entonces compró a George Lucas en 1986 una pequeña empresa de arte gráfico por diez millones de dólares. Le cambió el nombre y desde entonces la conocemos como Pixar. Estuvo dedicando su capital a la compañía hasta que en 1995 lanzó su primera película: Toy Story. Fue un éxito mundial inmediato. Le siguieron otros resonantes éxitos hasta que en 2006 la compró Disney por 7.400 millones de dólares. Aquél 1986 en que tuvo que reinventar su carrera de empresario creó otra compañía, Next, que como su querida Apple se dedicaba a fabricar ordenadores. Sus productos eran muy caros, pero tecnológicamente muy avanzados. Allí es donde nació el sistema operativo OS X. Hoy los ordenadores Apple utilizan las sucesivas versiones de ese sistema porque la empresa compró Next en 1996. Y por esa puerta volvió a entrar en la empresa que él creó. Al año siguiente ocupó provisionalmente el puesto de director (CEO), que en 2000 se hizo ya fijo hasta el final. Hasta su final, que ha llegado este jueves a los 56 años. Esta última etapa de su vida fue especialmente productiva. Heredó una empresa en pérdidas y volvió a convertirla en una máquina de hacer dinero. En 2001 ideó un aparato que servía para reproducir música en formato digital. Permitía tener nada menos que 1.000 canciones en el bolsillo. Cuando empezó a volvernos a acostumbrar a escuchar música andando con el iPod, creó una tienda global de canciones con el iTunes. Cuando llegó a sus manos el proyecto de lo que luego sería el iPad, Jobs dijo que si se reducía el tamaño tendríamos un teléfono. Y así nació el iPhone. La tableta de Apple llegaría más tarde. Jobs ha hecho que Apple fabrique objetos bellos y útiles. Amables y que prestan grandes servicios a las personas. ¿Qué ha hecho nuestro sistema económico con ello? Lo ha premiado 90 veces desde que Apple salió a Bolsa, en 1997. El capitalismo premia a los mejores y Steve Jobs era uno de esos.
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