España, país emergente
domingo 21 de julio de 2013, 19:14h
Poco a poco, va emergiendo la excreción de la política e instituciones españolas. Como en la obra Hércules y el Estado de Augias, del autor suizo Friedich Dürrenmatt, publicada en 1954, el estiércol inunda al país lentamente. Va saliendo de los edificios y despachos, por puertas, ventanas.
Inunda las calles. A algunos les tapa la boca, anegados por la evacuación inmensa de la mentira, el engaño y sus heces burocráticas, administrativas, palaciegas. La bocana del disimulo bajo el brillo de la pantalla que luce cada rostro asomado al espectáculo de la “res publica”, es oro bruñido por la porquería acumulada durante años ante las narices del pueblo. Vivimos una remoción profunda intuida ante el cambio que la realidad europea va imponiendo día a día. De seguir así, veremos si España quiere realmente esta innovación denominada Europa. Si aguanta. Cada cual revuelve la basura como mejor puede procurando acomodarse en ella por lo que pueda suceder.
Emerge la podredumbre que llevamos dentro. A raudales. Ya no pueden contenerla. Y surgen tantos interrogantes sobre la ruptura de cañerías, albañales, cloacas, como mangantes, chorizos, asoman en portales, vestíbulos, recibidores. La incontinencia de los edificios amenaza la estabilidad de las ciudades, el Estado que las regenta. Un país de ladrones, sablistas, delincuentes.
Y el silencio del olor hediondo adormece las mentes idiotizadas por la búsqueda de un resquicio entre tanto fango y boñiga. Muchos ciudadanos reman a contracorriente, pero la riada fluye por todos los flancos.
Augías, que preside el Gran Consejo Nacional de Elis y se cree hijo del sol, contrata a Hércules para que limpie, con su fuerza extremadamente humana, los establos sumidos en el excremento de sus enormes y abundantes reses. Y el gran héroe griego se compromete a eliminar la deyección en un día y sin recompensa. El rey, convencido de su impertinencia, le promete el diezmo de su ganado, si lo logra, y a cambio de su vida, si marra. Medita Hércules cómo proceder mientras camina entre las riberas de los ríos Alfeo y Peneo. Y del agua, o transcurriendo su mente como las ondas, le viene la agudeza. Desvía los cauces. Los dirige a los establos. La corriente limpia la basura. Se presenta ante Augías y le cuenta cómo logró limpiar sus establos en tan breve tiempo. El rey de Elis, región de la Élide, sorprendido por la hazaña, y a su modo también agudo, no le paga. No fue él, le dice, quien realizó la limpieza, sino el agua.
Dos ríos. Bastan dos corrientes que afluyen a un mismo caudal de agua inmensa, su origen, para limpiar las cuadras del Estado: Derecho, Ley: Justicia. Quien no sepa, disimule los cauces, o no quiera seguirlos, sobra. Que siga evacuando su miseria en el ejido.
España necesita otro Hércules. Fuerza e ingenio. Son tiempos históricos. Leamos a los clásicos.
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Filósofo, Catedrático de Lingüística y escritor.
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